Debate: ejercicio de pluralidad e información
Por Daniel Aceves Villagrán* Históricamente, el debate ha sido un importante acto de comunicación y exposición de ideas diferentes sobre una misma temática; también ha significado ser pieza angular para establecer vínculos e interactuar con los pares, permitiendo ...
Por Daniel Aceves Villagrán*
Históricamente, el debate ha sido un importante acto de comunicación y exposición de ideas diferentes sobre una misma temática; también ha significado ser pieza angular para establecer vínculos e interactuar con los pares, permitiendo moldear y consolidar a grupos.
En la arena política, desde hace algunos años, catedráticos e investigadores, como Paul Lazarsfeld, en El pueblo elige, o Harold
Lasswell, en Análisis de políticas públicas, libros publicados en 1962 y 1936, respectivamente, estudiaron estos temas, acerca de la importancia de gobernar, debido a que, además de un plan o una estrategia, se necesita comunicar.
Esta acción va más allá de un simple discurso o un eslogan que con el paso del tiempo se olvide, toda vez que la comunicación solamente es eficiente cuando logra que las piezas que parecen independientes se unan y den sentido a un mensaje que no nada más llegue a, sino que sea empático con la audiencia.
Lo anterior originó que alrededor de 1960 comenzaran los debates en América Latina, siendo Brasil la primera nación en la región en incorporarlo a las campañas con el objetivo de promover un espacio donde los candidatos a puestos de elección popular pudieran comunicar sus ideas con la audiencia.
Debido a las condiciones sociales y políticas, años después nuevamente los debates se hicieron presentes en Latinoamérica, concretamente en México.
La restauración del debate como herramienta informativa de cara a las elecciones se dio a mediados de la década de los noventa, teniendo como protagonistas a Ernesto Zedillo Ponce de León, Diego Fernández de Cevallos y Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano (en Argentina fue hasta 2015 cuando se realizó el primer debate), para después ser un elemento imprescindible en las elecciones presidenciales de los años 2000, 2006, 2012 y 2018, ya que coadyuvan para el pleno ejercicio democrático, el efectivo derecho al sufragio universal y el fortalecimiento de la pluralidad social mexicana, razones que han llevado a establecer, en la Ley General Electoral, su obligatoriedad entre los candidatos a la Presidencia de la República.
En este sentido, destaca la información respecto de la cobertura y alcance del primer debate presidencial de 2018: 11.4 millones de personas lo vieron por televisión. Y por nuevos canales, como Facebook, Twitter o YouTube, la audiencia llegó a 6.6 millones de visualizaciones, haciendo de este formato el más visto en la historia y, con ello, demostrando la importancia y el alcance de este instrumento.
En términos de formato, el Instituto Nacional Electoral (INE) establece que se deben realizar tres eventos con un rol activo de moderación e interacción con la ciudadanía, exigiendo que los candidatos se preparen y tengan tablas para responder a cuestionamientos, mientras que los moderadores deberán repartir los tiempos de la manera más justa posible, repreguntar al candidato si éste no contesta a la pregunta planteada, serenar el debate cuando se eleva el tono.
Es así que los mexicanos, en víspera del segundo debate entre candidatos a la Presidencia de la República, el cual se llevará a cabo el próximo 20 de mayo a las 21:30 (hora del centro), en la Universidad Autónoma de Baja California (UABC) en la ciudad de Tijuana, Baja California, y el cual será moderado por Yuriria Sierra y León Krauze.
En esta transmisión podremos atestiguar las propuestas y argumentos de los candidatos a la Presidencia de México por aproximadamente dos horas, en una temática inherente al panorama internacional de México, su comercio, la inversión en el país, la seguridad y los aspectos más relevantes para el fenómeno de la migración.
*Analista
