México, por la recuperación del agua dilapidada

Lorena Rivera

Lorena Rivera

Editorial

El tema del agua suele estar sobrediagnosticado. Gobiernos, organismos operadores, academia, iniciativa privada y organizaciones no gubernamentales tienden a coincidir en las causas de la bancarrota hídrica en México, pero ha faltado voluntad o visión para armar, a través del esfuerzo conjunto, soluciones viables de corto, mediano y largo plazos.

Esto toma relevancia porque en nuestro país ya se han instalado centros de datos y todo apunta para que siga recibiendo inversiones en un contexto global del vertiginoso avance de la inteligencia artificial. No sólo eso, aquí como en algunos otros países, esta infraestructura se ubica en zonas donde la demanda de agua supera por mucho la oferta.

Y, aunque es un dato que siempre resalta en la discusión sobre el agua, la agricultura consume alrededor de 80% y la industria autoabastecida, 5% del agua de primer uso, es decir, destinada para el consumo humano, proveniente de fuentes naturales o presas.

Esto pone a competir a las comunidades y a las actividades productivas por el abastecimiento del recurso, lo cual podría resolverse con soluciones basadas en innovación y tecnología para aprovechar las aguas residuales por ejemplo, pero esto requiere inversiones, hacer cambios en las regulaciones y, sobre todo, generar una cultura del uso del agua más consciente y más allá del grifo.

Nuestro país se encuentra entre las naciones con alto estrés hídrico a nivel global y en el segundo escaño en América Latina; además, la sobreexplotación de los acuíferos y los impactos del cambio climático en el ciclo del agua tendrían que llevar a las autoridades a ejecutar, desde ya, soluciones para garantizar el derecho humano al agua, sin afectar las actividades económicas. 

Hay que subrayar que en México se desperdicia el agua que podría recuperar, no sólo a través de sistemas de captación pluvial, sino también mediante el tratamiento de aguas residuales. Sí, existe tecnología para limpiarla.

Pero, de las tres mil 960 plantas de tratamiento municipales que hay en el país, mil 318 no operan y mil 249 necesitan rehabilitación, de acuerdo con datos de la propia Comisión Nacional del Agua.

Esto supone dificultades para garantizar el abastecimiento, mientras se desaprovecha una fuente de agua que podría destinarse a procesos industriales, servicios urbanos y otros usos que no requieren calidad potable.

Este complejo panorama se abordó en el foro Agua + IA: El futuro de la gestión hídrica, organizado por Ecolab y el Consejo Consultivo del Agua el pasado 21 de octubre, donde especialistas analizaron las oportunidades que ofrece la IA para mejorar la gestión del recurso y los desafíos que plantea el crecimiento de la infraestructura tecnológica, así como la urgencia de la circularidad del agua, como lo hace Singapur, país con escasez hídrica, pero que se ha convertido en uno de los referentes en tratamiento de aguas residuales.

Las decisiones sobre la infraestructura hídrica deben considerar la disponibilidad en cada cuenca, así como las necesidades de comunidades, industria, ecosistemas y centros de datos, advirtió Eduardo Vázquez, director ejecutivo de Agua Capital.

De ahí que es urgente sustituir el modelo lineal de extraer, usar y desechar por uno circular, expuso Raúl Rodríguez, presidente del Consejo Consultivo del Agua.

Jorge Arriaga, coordinador ejecutivo de la Red del Agua UNAM y del Centro Regional de Seguridad Hídrica bajo auspicios de la UNESCO, agregó la necesidad de fortalecer los mecanismos de financiamiento, revisar las barreras regulatorias y generar incentivos para ampliar el reúso. 

Para lograrlo, se requieren responsabilidades verificables (metas y plazos), así como mecanismos de rendición de cuentas.

Los organismos operadores municipales son parte central de esta ecuación y, al mismo tiempo, uno de los eslabones más vulnerables. En este sentido, la capacidad financiera de los municipios es otro de los grandes desafíos. Patricia Hernández, directora ejecutiva de la Asociación Nacional de Entidades de Agua y Saneamiento, advirtió sobre el incremento de los costos eléctricos de los organismos operadores y la inestabilidad de sus equipos directivos, cuyo periodo promedio de permanencia es de apenas nueve meses. 

Entonces, sin recursos suficientes ni continuidad administrativa, resulta difícil mantener las plantas existentes, modernizar los sistemas e incorporar nuevas tecnologías.

Sin duda, las herramientas digitales ofrecen posibilidades para detectar fugas, anticipar necesidades de consumo, optimizar el riego agrícola y monitorear la recuperación de ríos; en este sentido, Bernardo Villasuso, director de Marketing de Ecolab México, destacó que los datos y los indicadores predictivos permiten anticiparse a los problemas, en lugar de reaccionar cuando el abastecimiento ya está comprometido.

El problema es la brecha entre las soluciones disponibles y la capacidad de llevarlas a la práctica, porque siempre habrá magros presupuestos asignados para mantenimiento y operación de la infraestructura.

La seguridad hídrica exige una visión de cuenca y una política que articule inversión, regulación, innovación y conservación de bosques y suelos, porque la disponibilidad de agua depende de la salud de los ecosistemas que la producen y regulan.

Además, es fundamental que México coloque el tema del agua en el centro de sus decisiones económicas y tecnológicas. Tratar el agua residual para aprovecharla es un pendiente, así como fortalecer a los organismos operadores y establecer condiciones para que empresas y ciudades inviertan en recuperar el recurso. La IA puede ser parte de la solución, siempre que contribuya a reducir la presión sobre las fuentes naturales.