Cuando las diferencias sirven para coincidir

¿Cómo entender el panorama completo de la situación de los animales si se excluye a quienes los atienden? La salud es un derecho y los capacitados para atender a nuestros animales de compañía son los veterinarios

Por Miriam Mabel Mertínez*

Resulta más sencillo apuntar las diferencias. También es más eficaz para impedir la creación de comunidad. “Divide et impera” es una constante desde Julio César. Tampoco se trata de ignorar las diferencias, las hay en todos lados y muchas, pero quizá lo que arrastramos es que absortos de nosotros mismos –en el pleno ejercicio de la individualidad– nos hemos acostumbrado a no ver al otro. Ignoramos que pese a las discrepancias hay coincidencias. Pareciera que esa posibilidad de coincidir nos disgusta. ¿Por qué? Esta imposibilidad de mirarnos nos limita. Escuchar distintas opiniones –sobre todo las que nos disgustan– nos obligaría a profundizar, una práctica que nos ayudaría a entender qué mueve a ese otro. Nos haría ejercitar el músculo de la ontología que tenemos muy atrofiado.

El pasado 10 de mayo se llevó a cabo el foro Por los Derechos de los Animales, promovido por la diputada Leticia Esther Varela Martínez, presidenta de la Comisión de Seguridad Ciudadana del Congreso de la Ciudad de México, al cual se invitó a animalistas y se excluyó al gremio veterinario. ¿Cómo, entonces, entender el panorama completo de la situación de los animales si se excluye a quienes los atienden? La salud es un derecho y los capacitados para atender a nuestros animales de compañía son los veterinarios.

Soy amante de los perros, tengo dos sabuesos jóvenes que aúllan, corren, muerden, rastrean, acechan. No quiero ni que ladren menos ni que sean menos olfateadores. No quiero ni que sean mis hijos ni mi entretenimiento, son mis mascotas, a las que cuando las introduje a mi vida me comprometí a darles una vida digna, la cual incluye que yo –como dueña– entienda los rasgos de personalidad de raza (son cazadores), los alimente, los pasee, los vacune y me ocupe de su salud. Van al veterinario periódicamente porque sé que su vida es muy corta en relación con la humana. Son parte de mi familia y deseo que tengan una existencia larga y honrosa, su longevidad dependerá de los cuidados que les provea y de su atención médica. Es su derecho. Entonces, ¿por qué en este foro se les negó la oportunidad de hablar a los especialistas en animales? ¿Cómo fue que se convirtieron en los malos del cuento? ¿Por qué los animalistas los satanizan calificándolos de “asesinos”, de “lucradores”? ¿Por qué se les negó la entrada a un foro en el cual se abordaría una iniciativa de modificación al Código Penal de la CDMX que criminaliza al veterinario por no salvar la vida de cualquier animal, en cualquier estado que se les lleve a su consultorio? Un médico y un veterinario estudian para salvar vidas, para hacer lo imposible por lograrlo, pero esas vidas se salvan si se detecta el problema a tiempo, si hay prevención, si hay cuidado constante. La salud es además de un derecho, una práctica que nos compete a todos.

Los animalistas tienen razón al desear salvar a los más animales que se pueda, pero no basta con rescatarlos o recogerlos, sino de dar continuidad y atender lo sistémico. El rescate es una respuesta real al abandono de animales, pero también habría que analizar por qué somos una sociedad que los abandona tanto. Las buenas obras son mejores si se complementan. Animalistas y veterinarios buscan lo mismo: cuidar a los animales, pero este cuidado debe ser responsable, justo y equitativo.

La Unión de Profesionistas pro Bienestar Animal busca ser escuchada, exige su derecho a explicar su labor, a que se les reconozca como lo que son: más de 110 asociaciones legalmente constituidas, que aglutinan a más de dos millones de profesionales (veterinarios, biólogos, académicos, etólogos, investigadores y zoólogos) que desean ejercer su profesión sin ser señalados. Dialogar para participar en una realidad que no nos excluye a nadie. Se trata de incluir. ¿Qué hace un animalista? ¿Qué hace un veterinario? ¿Qué los distingue?

El vínculo humano-animal es un hecho, nuestra historia común es de amor y también de desprecio, de abuso, de gratitud. ¿Cómo equilibrar esta historia si sólo somos capaces de ver lo inmediato y no proyectar hacia el futuro ni analizar el origen? ¿Cómo construir el bienestar si no aprovechamos las diferencias para trabajar en ellas? ¿Qué es eso fundamental que nos une? En este caso, el vínculo con nuestras mascotas, el cual, como todo, tiene dos caras: rescatemos beneficios y no las injurias entre los que se supone deberíamos estar del mismo bando.

Temas: