Comisión Interinstitucional contra los Delitos en Materia de Trata de Personas

Por años, la trata de personas ha sido reconocida como una de las violaciones más graves a los derechos humanos por su carácter multidimensional: vulnera la dignidad, la libertad, la integridad y, en muchos casos, la vida misma de las personas. Este lacerante crimen afecta principalmente a mujeres y niñas (entre 80 y 85 por ciento de las víctimas); grupos como los de mujeres indígenas o migrantes (de Centroamérica, el Caribe y del interior del país) son especialmente vulnerables.

En contextos de alta movilidad —como la Copa del Mundo, a celebrarse en nuestra ciudad— este fenómeno adquiere nuevas formas de riesgo. Diversos análisis recientes advierten que el incremento de flujos turísticos, la demanda de servicios y la concentración masiva de personas pueden ser aprovechados por redes delictivas para ampliar sus operaciones, particularmente en sectores como el trabajo informal, la explotación sexual y el alojamiento temporal.

En este sentido, la Ciudad de México ha asumido una postura clara: anticiparse a los riesgos mediante una estrategia integral que coloca a las personas en el centro de la acción pública. El Gobierno de la Ciudad de México, encabezado por Clara Brugada, ha desarrollado un modelo que articula prevención, detección, atención y coordinación interinstitucional, en que la trata de personas se aborda como un fenómeno complejo que requiere políticas públicas transversales, con la participación activa de múltiples dependencias, organismos autónomos y aliados internacionales.

La Comisión Interinstitucional contra los Delitos en Materia de Trata de Personas, de la que he participado en representación de la Secretaría de Gobierno, se ha consolidado como un espacio permanente de articulación entre autoridades de seguridad, justicia, desarrollo social y derechos humanos. Colectivamente, hemos diseñado estrategias para anticipar escenarios de riesgo asociados a eventos internacionales, incluyendo la identificación de puntos críticos y el despliegue de acciones focalizadas.

La Ciudad de México cuenta hoy con flujogramas de actuación para la detección, identificación, canalización y atención de posibles víctimas, lo que reduce la discrecionalidad y fortalece la capacidad de respuesta institucional. Asimismo, se han desarrollado materiales de prevención en distintos idiomas, reconociendo el carácter global del evento y la diversidad de las personas que visitarán la ciudad.

La capacitación de servidoras y servidores públicos constituye otro componente estratégico. Personal de primer contacto como cuerpos policiales, personal turístico y operadores de servicios ha sido formado para identificar señales de riesgo, activar rutas de atención y actuar con apego a los principios de dignidad, no revictimización y enfoque diferenciado.

Asimismo, la capital ha apostado por la participación ciudadana y la transparencia como mecanismos de prevención. Iniciativas como los sistemas de reporte ciudadano y las campañas de sensibilización, entre ellas aquellas que visibilizan la falta grave, como Tarjeta roja a la trata, fortalecen el control social y la corresponsabilidad.

Este conjunto de acciones se inscribe en una estrategia más, como lo es Mundial Social, un programa que incluye actividades culturales, deportivas y recreativas en las 16 alcaldías, promoviendo la participación comunitaria para identificar y remodelar 500 canchas a fin crear un legado urbano duradero para la Ciudad de México. La Copa del Mundo es una oportunidad que implica riesgos para las y los más vulnerables; frente a ello, el Gobierno de la Ciudad ha privilegiado mantener en la centralidad de su acción los derechos humanos.