Alcohol y cáncer: una relación innegable

Por: Kenji López Cuevas La relación entre el consumo de alcohol y el cáncer ya ha sido ampliamente documentada por la comunidad científica internacional. La American Cancer Society señala en su publicación del 29 de enero de 2025 que el consumo de alcohol se asocia ...

Por: Kenji López Cuevas

La relación entre el consumo de alcohol y el cáncer ya ha sido ampliamente documentada por la comunidad científica internacional. La American Cancer Society señala en su publicación del 29 de enero de 2025 que el consumo de alcohol se asocia con al menos siete tipos de cáncer: boca, faringe, laringe, esófago, hígado, colon y recto, y de mama.

Esta relación está sustentada en numerosos estudios que demuestran que un consumo regular, aunque “moderado”, puede aumentar significativamente el riesgo de desarrollar estos tipos de cáncer. Además, cuando el alcohol se combina con el tabaquismo, el riesgo se multiplica, en especial para los cánceres de cabeza y cuello. Toda esta evidencia ha llevado a organismos como la OMS a incluir el alcohol como una sustancia carcinógena del Grupo 1, es decir, con evidencia concluyente de que causa cáncer en humanos.

A pesar de esta evidencia, la mayoría de la población no considera que el consumo de alcohol sea un factor de riesgo para padecer cáncer. Sin embargo, no quiere decir que la ciudadanía mexicana no esté preocupada por los efectos en este consumo. En México, una encuesta nacional realizada por RESET México en abril de 2024 reveló que más de 90% de la población considera que el alcohol representa un problema en el país. Entre las preocupaciones destacadas figuran la violencia, los siniestros viales, los problemas familiares, las enfermedades crónicas y la afectación a grupos vulnerables. El 54% de los encuestados manifestó estar muy preocupado por el impacto del alcohol en la comunidad, mientras que 81% lo asocia directamente con la violencia contra las mujeres.

Una de las estrategias con mayor respaldo ciudadano es el aumento del precio de las bebidas alcohólicas. Según la misma encuesta de RESET México, 66% de los mexicanos considera que esta medida ayudaría a reducir su consumo. Además, 83% de la población afirma que su apoyo a los impuestos sobre el alcohol sería mayor si la recaudación se destinara a bienes sociales, en particular a la educación o la atención sanitaria. La OMS clasifica esta acción como la intervención más costo-efectiva y potencialmente más efectiva para disminuir los daños ocasionados por el alcohol. El uso de mecanismos fiscales puede incidir tanto para retrasar la edad de inicio como para reducir la cantidad consumida, especialmente entre jóvenes.

La experiencia internacional respalda las intervenciones fiscales. En Filipinas, la llamada “sin tax law” de 2012 duplicó el precio de las bebidas alcohólicas más baratas y permitió financiar 85% de la expansión de la cobertura universal de salud, lo que demuestra que la política fiscal en salud no es una teoría: es una herramienta probada, con impacto real y medible.

El cáncer de mama, que es diagnosticado a alrededor de 80 mujeres diariamente en México, es potencialmente curable con detección oportuna y acceso a tratamiento. Sin embargo, entre 70 y 80% de los casos en México se diagnostican en etapas avanzadas. El consumo del alcohol, por otro lado, aumenta hasta en 30% el riesgo de desarrollar esta enfermedad, de acuerdo con el estudio Consumo de alcohol y riesgo de cáncer de mama: evaluación de la evidencia general, del Instituto Nacional de Salud de Estados Unidos.

Prevenir un solo caso de cáncer asociado al alcohol representa un ahorro directo al sistema de salud, sin contar el sufrimiento humano, la pérdida de productividad y las consecuencias negativas a las familias. Las medidas que reducen este consumo, por lo tanto, son también una inversión en sostenibilidad social y económica.

El llamado es claro: cuando la evidencia científica coincide con la percepción ciudadana, es momento de actuar. Hoy, la sociedad mexicana no sólo reconoce los daños causados por el alcohol, sino que también respalda activamente medidas para prevenirlos. Traducir esta voluntad en políticas públicas efectivas, responsables y sostenidas en el tiempo, es el siguiente paso lógico. El costo de no hacerlo no sólo se mide en estadísticas sanitarias, sino además en vidas que pudieron haberse salvado con una decisión oportuna.

Presidente de Fundación Cáncer Warriors de México, A.C.

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