La Cruzada Nacional contra el Hambre, instrumento para reformar el gobierno
Por Omar Garfias * La lucha contra el hambre en el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto inició sobre una plataforma institucional alejada del territorio donde sucede el problema, descoordinada, confrontada con los diferentes órdenes gubernamentales y con muy baja ...
Por Omar Garfias *
La lucha contra el hambre en el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto inició sobre una plataforma institucional alejada del territorio donde sucede el problema, descoordinada, confrontada con los diferentes órdenes gubernamentales y con muy baja calidad en los servicios, heredada de las administraciones pasadas. El tema del hambre ni siquiera estaba en la agenda pública; en términos prácticos, se negaba el problema.
La estrategia ha sido sustituir tales prácticas mediante una evaluación seria y sistemática, con apertura permanente a la crítica y estimulando la participación de la comunidad y de los gobiernos locales.
El Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) sostuvo en su reciente informe: “La Cruzada está modificando las dinámicas y rutinas de las dependencias de gobierno en los tres ámbitos de gobierno. La Cruzada está teniendo incidencia en las rutinas y decisiones de distintos actores en los tres órdenes de gobierno.”
Los resultados de la política social de los años 2000 a 2012 no dieron motivo alguno para continuarla incondicionalmente, sino impulsaron al actual gobierno a reformarla profundamente. En el lapso mencionado se dedicaron dos billones 144 mil 950 millones de pesos a los programas de combate a la pobreza, pero el número de mexicanos en esa situación creció en ocho millones 649 mil 886 personas.
La estrategia prevaleciente de 2000 a 2012, descrita en un brochazo, fue incrementar los programas que proporcionaban dinero a las personas en situación de pobreza y entregarles certificados de acceso al Seguro Popular no siempre respaldados por el incremento de la infraestructura de salud, pasando por alto su inclusión en programas de apoyo productivo.
A la fecha de hoy, la evaluación independiente, externa, solicitada a pesar de no marcarlo la ley, acompañada de un proceso de seguimiento a las recomendaciones, ha permitido crear y operar modelos alternativos sin sustituir lo fallido con ocurrencias que buscan resultados inmediatos, pero resultan insostenibles.
El sueño de la administración pública es iniciar los trabajos en una página en blanco donde los presupuestos, personal, instalaciones, rutinas, prácticas, culturas administrativas, instituciones y relaciones intergubernamentales se pudieran modificar de un momento a otro. Eso no pasa nunca y no fue la excepción en 2013.
Se encontró, por ejemplo, muy poco personal de gobierno trabajando en las comunidades; programas que dejaban un amplio hueco en la seguridad social de los mexicanos; ausencia de herramientas básicas de planeación como un padrón de las personas en situación de pobreza; un modelo de atención al campo que excluía a los campesinos pobres; desvinculación de los programas de transferencias con los programas de proyectos productivos y una innecesaria competencia entre dependencias federales y entre órdenes de gobierno.
El Coneval sostuvo respecto de la estrategia central de la administración federal 2006-2012: “…los programas mantuvieron su estrategia de cobertura con independencia de la E100X100”.
La Cruzada es, precisamente, el llamado de atención a la administración pública de que la forma como venía operando daba como resultado que siete millones de mexicanos padecían carencia alimentaria, no tenían ingresos para comprar una canasta básica alimentaria y quienes, además, vivían con por lo menos dos de las siguientes graves situaciones: rezago educativo, falta de servicios básicos, mala calidad de la vivienda, acceso nulo a la salud y a la seguridad social.
La Cruzada puso el dedo en la llaga para establecer un cambio trascendente y de fondo.
La evaluación y la crítica son fundamentales para acabar con el ogro filantrópico.
La Cruzada subraya los vacíos y convoca a trabajar de otro modo. Trabajar coordinadamente con el objetivo común de abatir integralmente el problema del hambre llegando a los mexicanos a quienes se había excluido de la inversión pública. Un millón de mexicanos nunca habían recibido un programa social.
La Cruzada, como eje, ha modificado la aplicación de los fondos federales para superar la pobreza estableciendo un catálogo de acciones autorizadas, vinculado a los indicadores que marca la ley, no más compras de camionetas de lujo con dichos fondos; un grupo de trabajo para conformar un modelo innovador y adecuado para la atención productiva de los campesinos en situación de pobreza; otro grupo de trabajo para rediseñar el funcionamiento de los programas de fomento de proyectos productivos; ha vinculado a los programas de transferencia con los de proyectos productivos; ha rehabilitado a la comunidad como ejecutora de los programas, como los comedores comunitarios de la Cruzada Nacional Contra el Hambre, ha definido metas y objetivos verificables y ha conformado con apertura total al escrutinio público un padrón de personas en situación de pobreza extrema con carencia alimentaria que permite hacer planeación y evaluación por persona, comunidad, municipio y estado. Todo ello entre otras muchas acciones dirigidas a un combate efectivo y eficiente contra el hambre.
Las claves de esta reforma basada en la política social de nueva generación instruida por el presidente Enrique Peña Nieto, son la evaluación y la mejora continua. El político que crea que no tiene nada que aprender y mejorar se condena a repetir una política que no da resultados.
La Cruzada Nacional contra el Hambre tiene hoy resultados positivos y medibles porque el actual gobierno decidió no seguir la inercia, sino reformar para mejorar permanentemente, porque sólo así se podrá revertir la tendencia de los malos resultados.
* Secretario Técnico de la Comisión Intersecretarial para la Instrumentación de la Cruzada Nacional Contra el Hambre.
