Como la vida misma

Uno de mis compañeros en la escuela era el más fuerte y el más rico: el capo más poderoso del patio.

“Manolo Matón-ño”

Manuel Antonio Rivas, Matonño, era el capo más poderoso del patio, qué digo del patio, lo era en realidad de todo el colegio, a veces, pareciera que hasta los mismos curas le tenían algo de miedo. Yo tenía un tratado comercial con él, como tenía familia en México, en Alemania y en Holanda, contaba siempre con mercancías apetecibles para el trueque; eso me daba cierta ventaja, aunque cuando Matonño se encabronaba, de poco servían mis atributos. Era el más fuerte, el más alto, el más rico y un verdadero hijo de la mañana. Cuando se trataba de coleccionar cromos para el álbum de futbol, su poderío económico le daba una superioridad absoluta, uno solo podía ejercer cierta chulería hacia el final, si tenías la de Pirri o la de Gento, quizá la de Iribar o la de Rexach que eran las más escasas y, por tanto, las más cotizadas. Con Matonño, que dios te libre de llamarlo así a la cara, era Matoño para todos, no servía de mucho negociar, pues a la hora de la hora se pasaba los pactos por el arco del triunfo.

Para jugar al futbol era el dueño del balón y eso le daba la potestad de elegir a los jugadores de su equipo, casi siempre los más fuertes y los de la selección. Cuando había permiso de salir, generalmente después del cine, ir con él garantizaba una Fanta o una sidra en el Baviera, pues para sentirse bien adulado solía invitarte un refresco. La cosa era fácil, o lo querías por lo que te daba en especie, o lo respetabas por lo que te daba en guantazos. Uno que siempre ha presumido de creativo, mexicano en medio de tanto galleguito, intenté con cierto éxito crear un mercado alterno y le aplicamos al grandote la mexicanísima ley del hielo, no comerciábamos con él, no apetecíamos jugar futbol ni con su balón ni con ningún otro. Él empezó a sospechar de mí, me sacaba una cabeza de estatura y con media bofetada me hubiera puesto en órbita. Cuando supe que ya me traía vigilado, intenté una negociación de tú a tú, demasiada valentía la mía, mucha y con poco armamento para resistir un embate del gigante. No se esperó a la salida de clase, se sentó detrás de mi pupitre en historia y me amenazó directamente…

—“Mira Miguelito, yo nunca te he llamado indio ni te he dado unas hostias, por más que te las hayas ganado con creces, pero me estás tocando las narices y estás a punto de recibirlas. No te me atravieses en el camino, te la estás jugando, gilipollas. Pásame las respuestas del examen de mate, el cromo de Sadurní y el de Cruyff y no te me arrimes mucho. Más te vale que no intentes boicotearme porque entonces te partiré la cara para que se te quite lo azteca”.

Recuerdo que lo resolví muy bien, le di las dos estampas solicitadas a cambio de la de Camacho, que era la más escasa, le di las respuestas del libro de álgebra y, sin hacernos amigos, sí pactamos una especie de tregua, a fuerza de ser honesto diré que siempre le tuve miedo y evité mayores confrontaciones.

Igualito andamos hoy con Trump, nos va a tener amenazados los cuatro añitos de su mandato, porque es más fuerte, porque es más jijo y también, aunque nos joda reconocerlo, porque en muchos de sus dichos tiene razón. Más nos vale no enojarlo, de por sí le caemos en las muelas. Su técnica: te amenazo, te perdono, te asusto, te disculpo, le funciona muy bien. Lo ideal no se puede, es sólo una utopía; pretender que nuestro país rectifique el bodrio de la ley de justicia, creer que cambiaremos los abrazos por inteligencia y detenciones, pensar que abriremos las puertas a la inversión sin cortapisas comunistoides, es mucho pedir para la pobre 4T. Quién pide peras al olmo.

Me daría por bien servido si esta incertidumbre ingrata tuviera una consecuencia de rectificación y pudiéramos ser más dignos en nuestras reacciones, obviamente abrazados a la verdad y a la honradez, nada de eso verán mis ojos. Qué feo se ve pa’dentro decía mi tío cuando perdía en el dominó, perdonarán ustedes mi flojo optimismo, pero así de pinche veo el panorama. Es miércoles, me urge ver El Brutalista.

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