Como la vida misma
Van a salir chispas, y en esas chispas llevamos la peor parte. El fentanilo, la migración, todo será excusa para tensar la relación y obligarnos a ceder.
¡REYES MAGOS… EL ÚLTIMO JALÓN!
Hoy es noche de Reyes, el último golpe a la tarjeta en estas gastadísimas fechas, entre roscas y roscones, con los regalitos finales de los niños; la verdad, se queda uno temblando. Mirar hacia adelante consuela poco, se avecina tormenta. Superada ya la fase emocionada de las felicitaciones, los deseos y propósitos de año nuevo la cosa se ve peliaguda. En dos semanas se viene Trump y trae pocas ganas de cariñitos con nosotros. Con visiones de la vida, la política y la economía tan distantes, encontrar un entendimiento entre nuestro gobierno y el de los vecinos del norte parece una misión imposible.
Los abrazos y no balazos, la cuasi fanática negación de la realidad para decir que todo va de maravilla, los consecuentes encontronazos diarios con los tristes y obligados baños de realidad que nos ponen de manifiesto que las cosas no están de rositas y, por si eso fuera poco, la llegada de un personaje tan difícil de encuadrar que se pone, corregido y aumentado, en los mandos de la mayor potencia del planeta. Que Dios nos agarre confesados. No soy capaz de imaginar cómo será la relación, un misógino, hiper-macho, bravucón y pendenciero con ganas de humillar y de plantar sus intereses por encima de socios y enemigos, un irracional, ahora crecido por su descomunal apoyo en las urnas. Uff… tengo miedo.
Si no soy precisamente el más feliz con el gobierno de la 4T y me siento parte de una minoría que no alcanza a comprender cómo se le pudo dar tanto poder a estos señores y señoras que están siendo capaces de desarmar 40 años de democracia peleada y sufrida en seis años nefastos y en tres meses de continuidad sin disimulo, para arrasar quitando de su camino cualquier intento de control o de contrapeso. Coincidirán conmigo que la cosa se ve color de hormiga. Tampoco creo que la otra cara de la moneda, ese afán gritón y broncudo de los republicanos a las órdenes del hombre naranja, jugando al populismo de derecha, vamos, que si unos me gustan poco los otros me agradan menos. Aquí van a salir chispas, y en esas chispas llevamos la peor parte. El fentanilo, la migración, todo será excusa para tensar la relación y obligarnos a ceder. Envalentonarnos y envolvernos en la bandera ya lo hicieron los supuestos niños héroes y acabaron muertos en el suelo; ceder en todo sin poner resistencia sería suicida, pero hacerse los muy duros, nos pondrá en una tesitura muy complicada. Nosotros somos un porcentaje muy chiquito de la economía americana, ellos son básicos para nuestro pan de cada día, y, por tanto, el poder de negociación lo tienen ellos, nos tienen bien amarraditos. Insisto, Dios nos agarre confesados.
En lo casero y personal, urge un plan de emergencia con doble propósito: hay que bajarle al gasto, subirle al trabajo y al ahorro, cerrar la boca, apretar el paso, caminar el doble y comer la mitad. Ya puestos, no es descabellado compaginar nuestro plan de choque con algo de alegría, que tampoco todo va a ser andar famélico y además encabronado. Hay buenas cosas en el cine, Netflix y HBO tienen también novedades y los libros, esos siempre son una salida digna, los nuevos no son tan caros y los clásicos siempre aguantan una releída. En mi afán fanático, traigo siete novelas empezadas, ayer le prometía a la Unagi que no compraré ninguno más hasta no terminar esta faena acumulada. Los que tengo me alcanzan hasta después de san Valentín. Y en caso de que me apure mucho, ella tiene unos cuantos para prestarme. Apenas empecé El niño que perdió la guerra, de Julia Navarro, el más reciente regalo de la tía María, me lo zumbaré para llamarla, contarle y darle las gracias.
Comamos rosca, la de Pablo San Román en Ekilore, promete. El chocolate, cada uno, a su estilo, a mí me gusta espeso, muy espeso y con la rosquita sopeada. Soy un guarro. Feliz Día de Reyes.
