Brillantina rosa, la suma de todos los miedos
La ingobernabilidad amenaza la frágil paz social de la Ciudad de México. Una urbe que requiere de capacidad y experiencia en su administración y seguridad; Claudia Sheinbaum y Jesús Orta no están a la altura. La marcha del 16 de agosto fue la respuesta a la ...

Miguel Ángel Godínez García
Alto mando
La ingobernabilidad amenaza la frágil paz social de la Ciudad de México. Una urbe que requiere de capacidad y experiencia en su administración y seguridad; Claudia Sheinbaum y Jesús Orta no están a la altura.
La marcha del 16 de agosto fue la respuesta a la indiferencia de las autoridades frente a la demanda legítima de las mujeres, el respeto a sus derechos.
Si bien la forma fue criticada, incluso por el Presidente, por los daños al patrimonio nacional, no se puede soslayar que fue proporcional a la desafortunada afirmación de la jefa de Gobierno, quien calificó de provocación esta marcha.
El sistemático argumento de que toda expresión que denuncia indiferencia, ineficiencia e incapacidad es de provocadores le costó a Sheinbaum arrodillarse frente a las valientes activistas, porque a pesar de abrir las puertas de su oficina, el diálogo llegó tarde, la jefa de Gobierno se volvió a equivocar.
Su disculpa fue vaga y no ha podido ser interpretada como tal por el grupo de mujeres. Intentar hacer creer a éstas que no dijo lo que dijo fue ofenderlas más.
Para ellas está claro que los destrozos fueron motivados por sus palabras. En México, antes de asumir un costo político, la violencia se tolera, se asume como parte del juego para gobernar.
Una autoridad que no asume la facultad que el Estado le da para mantener el bienestar de sus gobernados se debilita y confunde la aplicación de la ley con la represión. En su negligencia y violencia invita a responder con más violencia.
Sheinbaum debió ordenar a su secretario de Seguridad prever lo acontecido. Orta debió enviar a mujeres policías a blindar, no los monumentos ni los comercios, sino a la propia marcha. Debió conocer su magnitud, pero nada tenía planeado. Ni proteger el patrimonio nacional ni los bienes públicos, mucho menos a las mujeres; permitió la infiltración de anarquistas que reventarían la marcha.
Pese a su incapacidad, tiene suerte; de haber ocurrido un incidente fatal estaríamos hablando del exsecretario de Seguridad y de una ciudad incendiada. No existe voz alguna que pueda descalificar la oleada de brillantina rosa. Se trató del grito desesperado y un llamado de auxilio de las mujeres. También dejó al descubierto la ingobernabilidad, la descomposición del tejido social, la falta de claridad en la estrategia de seguridad, la impunidad e ignorancia a nuestras leyes, la falta del Estado de derecho y el deficiente sistema judicial.
*Vaya enredo que hizo la Segob. A pregunta de un reportero, Olga Sánchez respondió que estaban “dialogando con muchos grupos”, sin especificar si eran autodefensas o del narcotráfico, “porque quieren deponer las armas. Son muchos grupos de todo el país”, agregó. Luego el Presidente desmintió que exista una negociación. “No vamos a negociar con delincuentes ni con autodefensas”.
¿Entonces por qué dijo eso Sánchez Cordero? ¿Inocencia o fue a propósito? Quizá no está de acuerdo con la estrategia y le echó a perder a alguien el acercamiento con grupos delictivos. ¿Acaso éste es el verdadero Pacto por México? ¿Juntar a los líderes de los cárteles más importantes del país?
Lo que no puede desmentir Ricardo Peralta, subsecretario de Gobernación, es que se reunió con delincuentes, entre ellos Octavio Leal Moncada, El Tarzán, acusado de narcotráfico.
Por todo esto, el gabinete de Seguridad se reunió de emergencia. Hubo molestia evidente en los secretarios de Defensa, Marina y SSP. El Presidente reprobó públicamente a Peralta y le pidió ajustarse a la Constitución. Soplan vientos de cambio en la Segob.
De Imaginaria
Las reuniones de Ricardo Peralta con grupos delincuenciales tensaron el ambiente entre la Segob y los gobiernos de los estados. Gran molestia de Silvano Aureoles, de Michoacán, Javier García Cabeza de Vaca, de Tamaulipas, y Héctor Astudillo, de Guerrero.