Las crisis de la pandemia

El presidente Trump, tras debilitar a su equipo asesor en materia médica e ignorar manuales epidemiológicos, declaró que la pandemia en EU estaba bajo control, para semanas después tenerse que retractar al estar inmerso en una emergencia sanitaria.

Alrededor del planeta, los focos de alarma ciudadana se han encendido con toda legitimidad. A pesar de los esfuerzos desplegados desde el inicio de la contingencia a principios de año, la humanidad sigue sin poder aplanar las curvas de contagio y mortalidad vinculada a la propagación del COVID-19. De acuerdo con los datos ofrecidos por la Organización Mundial de la Salud, las curvas mantienen su tendencia al alza con arriba de un millón 200 mil casos confirmados, así como —lamentablemente— en el orden de los 68 mil fallecidos, siendo ahora Europa y Estados Unidos las regiones que enfrentan los momentos más críticos.

Sin embargo, la crisis de salud no es la única a la que están sujetos los ciudadanos. Sorprende, en el marco de esta pandemia, que las familias deban sumar a su cuidado extremo para evitar el contagio del coronavirus, la crisis de credibilidad de quienes encabezan sus respectivos sistemas de gobierno por la ligereza e insensatez con la que se han aproximado a la contingencia sanitaria, aun cuando tuvieron en sus manos semanas de preparación desde que China diera aviso de la situación que privaba en la ciudad de Wuhan a principios de enero.

En un primer momento, distintos mandatarios intentaron minimizar el impacto del coronavirus en la salud de las personas —no obstante el tsunami de enfermedad y muerte se esparcía por los países asiáticos—. Por ejemplo, el presidente Trump, tras debilitar a su equipo asesor en materia médica e ignorar manuales epidemiológicos, declaró que la pandemia en Estados Unidos estaba bajo control, para semanas después tenerse que retractar al estar inmerso en una emergencia sanitaria nacional con el mayor número de infectados confirmados en el mundo, el cual asciende a más de 307 mil casos. Más grave aún: la irresponsabilidad política no sólo arriesga la vida humana, sino también la capacidad de la oportuna toma de decisiones estratégicas en los primeros círculos de gobierno que, en caso extremo, expone al ridículo. La mejor muestra la ofrece el primer ministro de Reino Unido, Boris Johnson, quien hace unas cuantas semanas se negaba a dejar de saludar de mano a las personas—incluidas aquellas infectadas por el coronavirus en su visita a un hospital—, para ahora conocerse por la prensa el deterioro de su salud que le lleva a una terapia intensiva, así como a instruir al primer secretario de Estado que decida en su nombre en caso necesario.

Quizá con menos irresponsabilidad política, pero sí con muy poco esmero para blindar la salud de tomadores de decisión de alto nivel, se encuentra el caso de España. País en el que su vicepresidente segundo, Pablo Iglesias, está aislado en cuarentena al dar positivo de COVID-19 su esposa y ministra de Igualdad, Irene Montero. Ello podría desencadenar una situación más complicada, porque a partir de este caso se esperan las pruebas realizadas por el gobierno a todo el gabinete para verificar su salud. El país ibérico destaca porque la falta de protocolos tanto en esos círculos de alto nivel como en los equipos médicos hospitalarios que actúan en el primer frente de batalla, es una de las variables que explican la alta letalidad del coronavirus en esa nación, la cual ocupa el segundo lugar mundial por número de muertes al sumar casi 12 mil 500.

En México no podemos cantar victoria. La reacción oficial también fue tardía y la contradicción de mensajes gubernamentales mantiene a más gente de la que debería en las calles. Por razones aún no convincentes, persisten inconformidades de médicos y enfermeras ante la falta de los insumos esenciales para poder desarrollar su trabajo, así como se mantienen las negativas a aumentar el número de pruebas de coronavirus —en sentido contrario a lo dictado por la Organización Mundial de la Salud—. Esto solo hace crecer la sombra de la duda sobre la validez del registro de afectados de COVID-19 que lleva el subsecretario Hugo López-Gatell, a quien ya empezó a complicársele la explicación en el aumento de las neumonías atípicas. Si en el rubro de salud hay crecientes cuestionamientos, la vertiente de discusión para la recuperación económica no se queda atrás. El mensaje presidencial del domingo dejó más escépticos que convencidos. Resalta la ausencia del gabinete en la aportación de soluciones integrales y la falta de entendimiento gubernamental que más del 70% del país no vive de transferencias del gobierno, sí de la viabilidad de pequeñas y medianas empresas lideradas por mexicanos cuyo bienestar pende día a día de un hilo. Será el tiempo quien determine la pertinencia de las políticas de la Cuarta Transformación, pero la contingencia demanda decisiones de emergencia. Mismas que no se están asumiendo.

Estimado lector, esta columna estará de regreso el 21 de abril.

Temas: