La ola de la polarización
En tan sólo 15 días, las coyunturas observadas en distintas naciones apuntan a que este 2019 difícilmente podrá ser considerado como el año de la reconciliación entre los diferentes.
Por el contrario, la ola de la polarización amenaza con mantener su fuerza, como consecuencia de grupos sociales adversos a razonar el abandono de posturas antagónicas, el consecuente conflicto de las élites en búsqueda de capitalizar políticamente el descontento, así como el cada vez más reducido margen de maniobra de las instituciones democráticas para generar beneficios a la altura de las expectativas ciudadanas.
Quizá sea el muro fronterizo entre México y EU la mejor representación de hasta dónde puede llevarse la polarización en nuestros días. A lo largo de la discusión, diversos especialistas han insistido sobre lo inútil que resulta la valla, por alta que sea, en la protección de los intereses vitales de la primera potencia mundial. Entonces, la disputa de Trump por los cinco mil millones de dólares para financiarlo, más que tener la intención de edificar la seguridad nacional con el mayor control de los flujos migratorios, tiene como propósito el continuar con la construcción de las condiciones favorables a su reelección, de cara a la contienda en 2020, teniendo como premisa una base de votantes leales a partir de la división y el encono.
La sociedad estadunidense se encuentra tan polarizada que no está dispuesta a retirarle el respaldo a los partidos políticos de su preferencia, aun después de 24 días que lleva el cierre parcial del gobierno por la falta de acuerdo político de un presupuesto que satisfaga a demócratas y republicanos, pero, sobre todo, a los objetivos de la administración Trump. El cierre parcial significa que más de 380 mil servidores públicos de nueve agencias permanecen en sus casas sin derecho al salario, además de 420 mil funcionarios que deben seguir laborando por las actividades críticas bajo su responsabilidad, sin que ello les signifique recibir remuneración alguna. Al costoso contexto de estas 800 mil familias, derivado de las carencias de recursos económicos para cubrir sus necesidades más básicas, se suman efectos graves como la interrupción de los programas públicos en contra de la pobreza o los riesgos a la seguridad en el transporte aéreo, ante las ausencias crecientes de personal en los puntos de revisión de los aeropuertos del país.
Sin embargo, es en la ola de la polarización donde el presidente Trump encuentra ruta navegable a sus intereses políticos. De acuerdo con la última encuesta difundida por CNN, para el 45% de los estadunidenses existe una crisis en su frontera con México y, de ellos, siete de cada diez piensa que un muro a lo largo de toda la línea fronteriza ayudará a resolverla. Asimismo, de acuerdo con el sondeo realizado por el HuffPost y YouGov, 75% de los republicanos asegura que el mandatario hizo bien en no ceder la construcción del muro, así ello le condujera al cierre parcial del gobierno; mientras, el 85% de los demócratas afirmó que debió dejar a un lado el tema del muro para mantener la continuidad de los programas públicos. Es aquí, en las posturas irreconciliables, donde puede explicarse la falta de acuerdo en el Congreso de EU, dadas las bases de apoyo tan diferenciadamente marcadas. Condición que ya se tradujo en el cierre parcial más largo de la historia de EU. En cualquier caso, Trump tiene todavía aguas por sortear para garantizarse un nuevo mandato. Apenas 37% de los norteamericanos entrevistados por CNN dice aprobar la forma en que gobierna, porcentaje que prácticamente no ha superado desde agosto de 2017.
Por su parte, en Francia, los precios de las gasolinas y la pérdida del poder adquisitivo de las familias se convirtieron en el combustible que impulsa de manera renovada las aspiraciones del partido de ultraderecha Reagrupamiento Nacional, recobrando rápidamente el terreno perdido por Marine Le Pen tras la derrota en las últimas elecciones presidenciales. El descontento social hacia el gobierno de Macron hizo surgir el movimiento de los chalecos amarillos, conformado por miles de franceses que, sin una estructura ni liderazgo formal, se convocan por redes sociales para tomar las calles en protesta por la falta de respuestas a sus demandas.
Entre chalecos amarillos, ciudadanos inconformes y un sistema institucional incapaz de dar respuesta efectiva a la crisis, la situación nacional ha prendido los focos rojos en la administración Macron: los sondeos de opinión publicados en medios franceses muestran intenciones de voto de 24% a favor de la ultraderechista Marine Le Pen, frente a 19% del partido en el gobierno. Es justo en la polarización donde Le Pen podría, finalmente, romper el techo de cristal que le ha impedido acceder al cargo público más importante de Francia, por lo que existen pocos incentivos en el mediano plazo para ver un clima político de moderación en ese país europeo.
En los meses siguientes será interesante observar si las sociedades siguen apostando por el camino de la exclusión y el agravio, como vía para intentar encontrar una mejor calidad de vida, o si el conflicto cumple su cuota y da pie a la política de la inclusión, la corresponsabilidad y la colaboración que en muchas regiones del mundo se abandonó ante los resultados insatisfactorios de las instituciones democráticas.
