El México del revés
Las consecuencias de la corrupción nunca han sido favorables para el desarrollo ni para la convivencia pacífica y fructífera de la sociedad.
Todo comenzó hace muchas décadas atrás, allá por los años 70, cuando se volvió popular aquella frase de “el que no transa, no avanza”; era el auge del echeverrismo. Con el paso de los años, la conseja popular se fue fortaleciendo al grado de que hoy ha trastocado la manera de ver la realidad y, sobre todo, de actuar ya no conforme a lo que es justo o correcto, sino a lo que conviene y es más rentable para las partes que negocian.
Hoy, la realidad nos impone tal reflexión ante los acontecimientos que en los último tiempos nos avasallan frente a la vida pública y política del país. La opinión pública se indigna ante aquellos que ceden a las presiones para cambiar de lado de la historia y pasarse a las filas de quienes pretenden imponer su “visión de país”. Pero nada dicen ante quienes persiguen, amenazan, sobornan y extorsionan para obligar, que no convencer, a quienes hace un tiempo se les oponían. Buena dosis de realidad frente a la “ilusión” y la fantasía de quienes pretenden construir destruyendo las bases sobre las cuales se fundó la sociedad que actualmente tenemos.
Es tal la indignación de muchos que ya no se ven “las manos corruptoras” que todo lo que tocan lo prostituyen, sino más bien a quién traiciona y a quién hay que reclamarle que se haya dejado corromper. Al final del día dirán: la corrupción es tan antigua como lo es la presencia del hombre sobre la Tierra. El problema es acostumbrarse a ella. Sus consecuencias nunca han sido favorables para el desarrollo ni para la convivencia pacífica y fructífera de una sociedad.
GOBERNAR DESDE LA CALLE…
Recién tomó posesión de la alcaldía de Mérida, la capital de Yucatán, una de las regiones más seguras del país, pero la panista Cecilia Patrón Laviada no cesa en sus recorridos por toda la ciudad con el fin de atender de viva voz las necesidades de la población, principalmente la del sur, ante los rezagos sociales y urbanos que ahí se presentan. “Para mí, el trabajo está en las calles, no en la oficina”, me comenta. El gran reto es gobernar una capital tan dinámica social y culturalmente como lo es la llamada Ciudad Blanca, con un gobierno estatal de otro partido; por primera vez, Morena tendrá el próximo 30 de septiembre la responsabilidad de gobernar Yucatán luego del triunfo del expanista Huacho Díaz Mena, a quien Patrón Laviada conoce perfectamente: “Formamos parte del mismo grupo político hace ya varios años”, explica.
Proveniente de una familia panista de cepa (su hermano Patricio fue alcalde en 1995-98, gobernador de 2001 a 2007 y luego procurador federal del Medio Ambiente en la presidencia de Felipe Calderón, entre otros cargos), Cecilia Patrón considera varios retos fundamentales en su gestión, que concluirá en 2027. En primer lugar, disminuir las desigualdades en una Mérida que ha crecido de manera vertiginosa en la última década hasta alcanzar hoy la cifra de un millón de habitantes, de los cuales 17 por ciento provienen de otras regiones del país y del mundo. Ello ha provocado muchas desigualdades sociales que hay que reducir. Asimismo, la llamada gentrificación, principalmente en el centro de la ciudad, lo que ha provocado el desplazamiento de las familias que antes poblaban el primer cuadro de la capital yucateca.
También está el reordenamiento urbano, para lo cual se trabajará en un nuevo Programa Municipal de Desarrollo Urbano que no ha sido modificado por lo menos desde hace seis años. Tendrá que ser, dice Patrón Laviada, un programa zonificado donde se destaquen las diversas vocaciones que debe tener cada región de Mérida, con el fin de adaptarla a las necesidades actuales de crecimiento y movilidad y la creación de corredores verdes que permitan mayor cuidado de la ecología y disminución de la basura que se genera en la región. Todo un reto para quien conoce a fondo la problemática del sureste del país con la experiencia de más de 25 años en el servicio público.
