Cierre de ciclos

El mundo y nuestro país viven desde hace algún tiempo un cierre de ciclos en todos los órdenes de la vida pública y social. Señalan los análisis que se trata de dar por terminadas etapas en las que ya se hizo todo lo que se tenía que hacer y donde ya no es necesario permanecer más. Es necesario cerrar capítulos para poder empezar a escribir nuevas historias.

Sin embargo, el proceso no es fácil. Requiere no sólo de tiempo, sino de la capacidad de “reinventarnos” a nosotros mismos —resiliencia dirían actualmente — para superar la ruptura de paradigmas.

El mayor riesgo que se presenta en estos momentos de nuestra historia es perder nuestra identidad. Ejemplo de ello es la pluralidad política, que ha sido un rasgo característico del México contemporáneo. Así se han construido los pilares de una cultura de convivencia que ha permitido alcanzar importantes acuerdos en favor de la sociedad.

Si bien es cierto que la pluralidad llevó al país a gobiernos divididos, también lo es que nos encontramos con la posibilidad de lograr acuerdos entre las distintas denominaciones políticas que resultan indispensables para la gobernabilidad y la vida democrática del país.

Bajo este principio, diversos partidos de oposición han trabajado por alentar la capacidad de construir acuerdos en gobiernos estatales y espacios legislativos, como lo fue la coalición Va por México hace seis años.

Hoy, se vislumbran necesarios nuevos acuerdos que permitan una nueva coalición que permita la reapertura de la vida democrática, frente a los nuevos riesgos de regresar al gobierno “de un sólo partido”, como los que se vivieron durante el siglo pasado.

No hay que olvidar las propuestas que llevaron a conformar en 2020 la coalición de partidos de oposición: lograr un economía inclusiva con oportunidades para todos, justicia social con el fin de revertir el alza de las personas en situación de pobreza, rescatar del olvido el campo, combatir la corrupción, resolver la crisis en seguridad, así como rescatar el sistema de salud y mejorar la educación.

Capítulo especial requirió el sistema democrático. Se acordó no permitir el aniquilamiento de las instituciones, lo que garantiza el sistema democrático, y fortalecer el respeto a la libre manifestación de la ideas.

FORTALEZA EN EL INE

En el Instituto Nacional Electoral empieza a surgir una pregunta que pocos se habían hecho hasta ahora: ¿Por qué se presenta como una “crisis inédita” algo que ha ocurrido de manera recurrente en el instituto? Los registros administrativos muestran que la movilidad de personal ha sido una constante durante los últimos años, incluso en el periodo previo al proceso electoral federal de 2023-24, cuando se realizaron miles de movimientos entre renuncias, bajas, cambios de adscripción, promociones y contrataciones sin que ello comprometiera la organización de una de las elecciones más complejas de la historia reciente.

Más de uno considera que el debate se ha desplazado deliberadamente. Primero se habló de despidos; después, de pérdida de experiencia; ahora se intenta instalar la idea de que el INE ha perdido la capacidad técnica para organizar las elecciones de 2027. Sin embargo, la propia experiencia institucional demuestra que la fortaleza del instituto nunca ha dependido de la ausencia de movimientos de personal, sino de sus procedimientos, del Servicio Profesional Electoral, de sus mecanismos de control y de una estructura que trasciende a las personas.

Por ello, dentro del instituto también comienza otra reflexión: si la movilidad de personal ha existido históricamente y los procesos electorales han salido adelante con certeza, quizá el verdadero tema ya no sean los movimientos administrativos, sino el intento por convertir una dinámica ordinaria en una narrativa permanente de debilitamiento institucional. La evidencia de los últimos años parece contar una historia distinta.