Ah Kin Pech
Siempre he pensado que los seres humanos somos y trascendemos por lo que construimos, principalmente lo que soñamos y logramos hacer realidad a lo largo de nuestra vida. Hace 18 siglos, una pequeña comunidad indígena maya, asentada en el extremo poniente de la ...
Siempre he pensado que los seres humanos somos y trascendemos por lo que construimos, principalmente lo que soñamos y logramos hacer realidad a lo largo de nuestra vida. Hace 18 siglos, una pequeña comunidad indígena maya, asentada en el extremo poniente de la Península de Yucatán, comenzó a desarrollar altos niveles de excelencia en arquitectura, cerámica y astronomía. Ahí comenzó la civilización que daría origen, en el siglo XVI, a lo que hoy conocemos como Campeche. Con la llegada de los españoles a América, el sitio fue bautizado primero como San Lázaro (los conquistadores llegaron a esa zona un domingo de San Lázaro) y al escuchar por boca de los nativos el nombre indígena del lugar decidieron “castellanizar” la pronunciación y lo llamaron Campeche.
El vocablo maya Kin significa Dios Sol y pech es garrapata. Uno de sus significados podría ser lugar del Señor Sol garrapata. Es una de varias teorías sobre el origen del nombre de este maravilloso estado del país.
Durante muchos años, Campeche ha vivido de lo que dejó la industria del petróleo. Sin embargo, en estos tiempos de dificultades que ha vivido el mercado mundial de crudo, su economía sufrió un duro golpe con la caída de los precios del hidrocarburo. Ello ha afectado a miles de habitantes, principalmente de Ciudad del Carmen, que durante décadas vivieron —directa o indirectamente— de la derrama económica del sector energético; vino la crisis de 2015 y prácticamente todo se acabó.
Eso lo entendió su joven gobernador, Alejandro Moreno Cárdenas, y el reto ha sido cambiar todos los patrones económicos del estado para orientar, a partir de hace casi dos años, su economía hacia otras áreas de la actividad humana: la agricultura y la pesca. Los resultados han sido sorprendentes: Por ejemplo, Campeche se ha convertido en el primer productor nacional de zapote (fruta tropical del sur), así como un importante generador de productos del mar con 64 mil toneladas de pescados y mariscos capturados en el último año.
Hoy, la entidad se ha convertido en la más segura del país, lugar que disputa con su vecino más próximo —Yucatán— y con un nivel de vida muy superior a los del resto. De pasar de ser “uno más del montón”, hoy su futuro se vislumbra muy promisorio a pesar de los retos que enfrenta.
Cinco han sido los ejes sobre los cuales gira el proyecto que empieza a dar resultados y que sirve de ejemplo para otros estados, hoy sumidos en crisis de inseguridad y, por ende, faltos de inversión: Educación, desarrollo económico basado en la agricultura (campo) y la pesca (mar); asimismo, eficaces programas de salud, deporte y cultura. Como ejemplo, hace unos meses fue rescatado uno de los teatros más antiguos del sureste del país: Francisco de Paula Toro, construido en 1833 y abandonado durante mucho tiempo por los ayuntamientos de la capital campechana. Hoy, totalmente restaurado, con un costo de 80 millones de pesos, se convertirá en breve en un recinto cultural de relevancia para los habitantes de esta región del país.
Pero no sólo es rescatar las raíces de la comunidad; también se trata de mirar al futuro y propiciar la modernización del entorno urbano. Hoy, estar en Campeche es respirar la sabiduría y majestuosidad de los mayas, pero también es constatar que cuando se sueña con un mejor futuro, la iniciativa de su gente y el trabajo de sus líderes hace que se logren cosas que, con toda seguridad, harán trascender a las nuevas civilizaciones que ahí crecen y se desarrollan.
