2017, ¿año de los Santos Inocentes?
Con cierto desgano habrá que ir haciendo un recuento del año que vive ya sus últimas horas. Pongo apuntes desordenados
de aquí y allá, algunos párrafos sueltos en busca del hilo conductor.
Pasado que aniquila el optimismo hasta del más pintado.
Sobrevivimos los primeros 342 días de Trump como presidente de Estados Unidos. Admirable capacidad de insultar a prácticamente todo el mundo. Jamás antes alguien, con sólo 140 caracteres, ha estado tan cerca de romper el frágil equilibrio entre ese país y Corea del Norte. Recuerda al Dr. Strangelove, de Kubrick. Inimaginable su brutal embate en contra de la prensa en el país de la Primera Enmienda. Entre la fabricación de noticias y la descalificación de hechos, las fake news cobraron carta de naturalización en la política.
El 31 de diciembre de 2016 el dólar valía 20.25 pesos, ayer, 27 de diciembre de 2017, se cotizaba en casi 20 pesos, lo que nos haría pensar en cierta estabilidad económica si no fuese porque el 1 de diciembre de 2012, cuando empezó el sexenio, sólo había que pagar 12.96 por cada dólar. La culpa es de Trump, no de Videgaray o Meade.
En mayo, Emmanuel Macron se convirtió en presidente francés. La falsa tranquilidad de haber vencido a Marine Le Pen escondió, quizá irremediablemente, la incapacidad del sistema de partidos para generar opciones de cara al futuro.
En julio se abrió un socavón en la carretera a Acapulco, éste engulló la vida de dos personas y, paradójicamente, reafirmó a Ruiz Esparza en su puesto. Entre dimes y diretes, el gobierno federal le echó la culpa al gobierno de Morelos, quien hizo lo propio. La carretera había costado más del doble de lo presupuestado.
El 19 de septiembre, después de un pulcro y cronometrado simulacro de sismo que nos había salido de maravilla, la Tierra volvió a sacudir con furia sus entrañas, se derrumbaron construcciones que desnudaron más corrupción. Nadie sabe quién dio los permisos de remodelación de Álvaro Obregón 286, se quitaron muros de carga que, sólo ahí, dejaron más de cuatro decenas de muertos. Despertaron los jóvenes, hoy, como en 1985, la solidaridad nos descubrió una sociedad que parecía aletargada. Por 24 horas creímos en la misteriosa Frida Sofía, que nunca existió, alimentó esperanzas y sirvió de distracción, con quién sabe qué oscuros propósitos.
Puigdemont declaró la independencia de la República de Cataluña, a las pocas horas corrió a refugiarse a la monarquía Belga. Dejó a su patria chica y la nación española partidas en dos. La política quedó rota en mil pedazos, aunque, en esto último, compartió el mérito con Rajoy.
Cosechamos escándalos políticos de grueso calibre, entre los más internacionales podríamos mencionar Odebrecht y Lozoya. Cuando el procurador estaba pisándole los talones renunció y ello forzó también el despido del fiscal para la Atención Especial de Delitos Electorales, quien cometió el error de tomarse en serio su trabajo.
El pluralismo político mexicano se fundió en tres coaliciones electorales que desdibujan cualquier proyecto de nación. El pragmatismo se impuso, se evaporan distinciones y todos se venden en estúpidos spots. Meade, Anaya y López Obrador prometen espejitos, se disputan lealtades, compran operadores de clientelas. Lo único que sabemos a ciencia cierta es que triunfó el conservadurismo, ninguno de los tres abanderará las causas de la diversidad sexual o el derecho de las mujeres a decidir.
Con toda prisa se hizo una edición vespertina del Diario Oficial para publicar la Ley de Seguridad Interior. Triunfo contundente para el Ejército mexicano. Derrota para la sociedad. Riesgo inminente para los derechos fundamentales de todos. El Presidente, que pudo haberla vetado, ordenó su publicación, pero nos serena con la promesa de su inaplicación hasta que la Corte decida sobre su constitucionalidad.
Cómo me gustaría, querido lector, decirte que todo lo escrito es producto de una mala broma del Día de los Inocentes. Sería lindo decirte “inocente palomita que te has dejado engañar, sabiendo que en este día en nadie debes confiar”, sin embargo, todo sucedió y está sucediendo, la única ficción en estas páginas es Frida Sofía, que, por un instante, nos unió en el optimismo.
