Procusto era un anfitrión de la mitología griega que recibía viajeros con la promesa de una cama con el tamaño perfecto para todos sus huéspedes. A los altos les cortaba los pies; a los bajos los estiraba hasta acomodarlos. Todo visitante pagaba el precio por ser diferente al molde que el mismo Procusto había decidido era la talla perfecta.
El Síndrome de Procusto describe exactamente eso: la intolerancia hacia todo lo que no cabe en el modelo. Del mismo modo, la teoría económica dominante en México ha sufrido de esa misma condición durante décadas. Ha forzado en un molde de tamaño único las políticas industriales y macroeconómicas que el país necesita para crecer. El resultado ha sido un estancamiento que nos mantuvo lejos de los niveles de ingreso de los países desarrollados.
El mito sobre la productividad laboral en México puede ser igual de terrorífico. La política liberal y neoliberal justificó que en gran medida la baja productividad económica era culpa de las personas y la gente; el error, sin embargo, estuvo en las industrias que fueron impulsadas desde los años 80 tal como la maquila. Un error tan importante en el dogma económico nos tuvo haciendo círculos con un molde cuadrado.
La Ciudad de México concentra 26% de toda la matrícula de posgrado del país y 19% de la de licenciatura. El talento está aquí y hay que ser ambiciosos en la capacidad industrial de la propia CDMX para aprovecharlo. Jóvenes con doctorado en Biología, Matemáticas o Ingeniería terminan en sectores con menor valor agregado, donde los empleos disponibles están por debajo de su nivel de formación. La ciudad subsidia así, con su propio capital humano, el crecimiento de economías que sí invierten en industria avanzada.
Por eso, si la cama de Procusto no nos sirve ni sus posturas económicas, hay que reconstruir la Posada. En enero de 2026, Astellas Pharma inauguró en Cuajimalpa su Global Capability Center, uno de sus tres centros globales —junto a Polonia e India— dedicado a investigación médica, tecnología e innovación. Aquí mismo Liomont construye la primera planta de síntesis y encapsulación de ARNm del país. Podemos reindustrializar la Ciudad de México, empezando por estos sectores donde sí se apuesta por tecnología, ambición y ganancias amplias que no dependen de salarios bajos.
La ciudad está girando hacia una política que intenta romper con mitos sobre la productividad y que redirige la atención de las inversiones a las oportunidades más importantes de la década, permitiendo recuperar industrias capaces de absorber el talento. De lo contrario, nos iremos a dormir en la noche con miedo al economista ortodoxo que busque cortarnos las piernas.
*Secretaria de Desarrollo Económico de la Ciudad de México
