Cuando te dedicas a recorrer las calles y caminar los espacios urbanos, tanto de la Ciudad de México como en el mundo, hay cosas que son tan cotidianas que empiezas a dejar de notarlas. Las luces en las banquetas, los cables de internet, los balcones llenos de plantas, e incluso los perros; hasta que te encuentras con uno que habla.
Este fenómeno es el título de los ensayos por el arquitecto chileno Smiljan Radić Clarke, quien acaba de ser condecorado con el Premio Pritzker, el nobel de la arquitectura, aquí en Ciudad de México. El título funciona como una metáfora sobre la aparición y la búsqueda de elementos inusuales o sorprendentes en contextos cotidianos y comunes. Si sale uno buscando en la calle es más probable que encuentres aquello que es único, innovador y sorprendente: tanto en la arquitectura como en la economía.
Lo cotidiano es que la economía de Ciudad de México crezca a 2.69% anual durante los últimos cinco años. Al mismo tiempo, la pobreza multidimensional cayó de 32.6% a 19.7% de la población. El segmento de personas no pobres y no vulnerables pasó de 34.8% a 46.9%. El porcentaje de habitantes con ingreso inferior a la línea de pobreza extrema bajó de 11.8% a 4.5 por ciento. Todos estos son avances reales, pero debemos buscar crecer de manera no cotidiana sino extraordinaria si queremos cumplir la misión de erradicar la pobreza.
Esa innovación y crecimiento adicional que buscamos llegará si, como el arquitecto Smiljan, encontramos lo disruptivo en lo ordinario y atraemos nuevas industrias. La reducción sostenida de la pobreza multidimensional necesita de lo sorprendente para que un día pudiéramos contar esta cifra en cero. El premio Pritzker entregado en nuestra ciudad confirma un fenómeno que la economía tarda en medir: la cultura emite señales antes de que los indicadores las registren. Cuando el premio más relevante de la arquitectura mundial elige la UNAM como tribuna, envía un mensaje. Aquí se genera pensamiento de frontera, circula el talento y hay condiciones para que prospere lo improbable.
El jurado premió a Smiljan Radić por responder en cada obra con radical originalidad. Tomemos prestado ese espíritu como ciudad anfitriona. Necesitamos explorar los límites que han permanecido intactos. Ese ímpetu nos recuerda que la innovación radical nace de mirar lo que todos ven y pensar lo que nadie ha pensado. La estabilidad macroeconómica es el piso. La prosperidad que transforma estructuras y saca a millones de la informalidad exige algo más. Sobre ese piso, alguien necesita buscar al perro que habla y construir a partir de lo que dice. Una visión de arquitecto nos debe acompañar en nuestros recorridos cotidianos de la Ciudad de México.
*Secretaria de Desarrollo Económico de la Ciudad de México
