Colonialismo, maldad y límites del lenguaje

El énfasis se inclina a la espectacularidad de las coreografías bélicas.

La novela Heart of darkness (El corazón de las tinieblas), de Joseph Conrad, considerada una obra genial en el manejo del lenguaje y pionera en la crítica del colonialismo en el siglo XIX, significa para Chinua Achebe, muy destacado filósofo y novelista nigeriano, un compendio de racismo: ni uno de los personajes africanos —a quienes el protagonista de Conrad denomina en bloque caníbales, salvajes o criminales— merece nombre propio: África y los africanos se deshumanizan.

¿Podía Conrad estar por encima de los prejuicios de su tiempo? ¿Esta falla ética descalifica el valor literario de la obra? Entre otras críticas recientes, a Heart of darkness se le objeta una limitación de lenguaje. Para Paul Griffit, el dilema axiológico que presenta Kurtz, traficante de marfil que deseaba “civilizar” a los africanos, admirado por sus semejantes europeos y a fin de cuentas partícipe de masacres y decapitaciones, es mucho mayor de lo que se pretende comprimir en las últimas y célebres palabras del enloquecido personaje: horror, horror.

En la novela se esboza el dilema del mal, pero en efecto las palabras parecen limitadas para definirlo. En Apocalypse Now —película basada en esta obra de Conrad—, Coppola consigue en la escena clave en que Marlon Brando repite “the horror, the horror”, una fuerza estremecedora. La mirada, gestos, pausas de Brando, la progresión de la narrativa cinematográfica, dan mayor densidad a la palabra, ¿pero acaso no se reproduce aquí la limitación originaria de reducir a Vietnam y los vietnamitas a un telón de fondo?

Richard Viqueira, director teatral de gran influencia en las generaciones más jóvenes, afirma que su más reciente trabajo, Punzocortante, está inspirado en Heart of Darkness, Apocalypse now y el documental de Eleanor Coppola (esposa del laureado cineasta) sobre la famosa película. Viqueira arma una historia donde un militar (que recuerda al marinero Marlow de la novela de Conrad y al capitán Willard, de Apocalypse now) recibe la orden de encontrar y matar al capitán Kurtz. El vestuario y el lenguaje podrían evocar cualquier escenario: el inicio de la puesta con la canción The end, de los Doors, que los actores interpretan en vivo, nos lleva a Vietnam.

A Punzocortante se le suman historias de un excombatiente en Afganistán. El collage, ha declarado Viqueira, es “un estudio de la locura y la moral de un hombre y de toda nación que decide mandar a sus hombres a matar y morir”. El propósito del muy querido teatrista se diluye en una sucesión de afirmaciones sentenciosas y una trama confusa. Los materiales en que se basó casi se reducen a etiquetas, al no investigarse su sentido e implicaciones con más rigor. En la puesta los despojados y masacrados existen en función de sumar atributos a los protagonistas, de modo que la perspectiva originaria en la novela y la película se perpetúa y nos quedamos, una vez más, sólo con la versión de los agresores.

“¿Sabes por qué nos volvemos soldados? Por desamor. Esa es la causa única. Queremos ser héroes para volvernos amados por generación espontánea, no por la acumulación de nuestros actos”, se afirma en Punzocortante. Las trayectorias de los militares, por más horrendas que sean, ¿no constituyen actos? Si bien el amor es una fuerza esencial —y quizá como decían los Beatles, es todo lo que necesitamos— en el recorrido de Heart of Darkness a Afganistán y Ayotzinapa, que se enuncia, hay una complejidad mayor que se soslaya.

Punzocortante fue escrita para representarse en una fuente, al aire libre. En el Cenart, donde corre temporada, tiene lugar dentro de un cuerpo de agua, al que se rodea de antorchas para la ocasión, junto con unos cuantos cubos iluminados desde su interior. El contenido de la fuente también se pinta de luz y vemos humo de colores, juegos pirotécnicos y un intenso trabajo físico de los actores en el agua —más precisamente contra el agua—.

El énfasis se inclina a la espectacularidad de las coreografías bélicas y la búsqueda de imágenes, algunas logradas con cierto efecto “instalación”, en detrimento de la calidad actoral y la solidez temática. Al final los actores gritan ¡horror!, pero éste no se ve, no se presiente, no se ha construido. Participaron en el elenco, ovacionado por el público, Carlos Ortega, Valentina Garibay, Javier Sánchez, Javier Martínez, Jorge León y Waldo Facco. Escenografía e iluminación, Jesús Hernández; dramaturgia y dirección, Richard Viqueira.

Punzocortante culminará su temporada en el Centro Nacional de las Artes (Cenart) este fin de semana, con funciones el sábado y domingo a las 20:00 horas.

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