Jackie
Si hay una historia fascinante que ha sido llevada en múltiples ocasiones al cine y la televisión es la de Jacqueline Bouvier, la socialité neoyorquina que se convirtió en primera dama de Estados Unidos, cuando su esposo John F. Kennedy fue elegido Presidente de ese ...
Si hay una historia fascinante que ha sido llevada en múltiples ocasiones al cine y la televisión es la de Jacqueline Bouvier, la socialité neoyorquina que se convirtió en primera dama de Estados Unidos, cuando su esposo John F. Kennedy fue elegido Presidente de ese país.
En otra versión más nos llega ahora la recreación de unos pocos días posteriores al brutal asesinato de Kennedy, en un relato que tiene como columna vertebral la conversación que Jacqueline sostiene con un periodista con el que comparte los detalles de su vida, incluso cierta intimidad, y donde habla de la bala que cambió su vida. Dirigida por el chileno Pablo Larraín, escrita por Noah Oppenheim, Jackie (Estados Unidos, 2016), merecía estar más ubicada en la entrega de los premios Oscar, pues tiene sólo una nominación para su protagonista, Natalie Portman. Sin duda, esta entrega demuestra que los Oscar no premian lo mejor del cine.
Larraín es un espléndido contador de historias. Anteceden a Jackie, Tony Manero, Post Mortem, No, El Club, Neruda, todas rodadas en Chile y en español. Ahora salta a Hollywood con un argumento arriesgado por lo trillado de la tragedia de Jackie Kennedy Onassis, pero que cuenta con un guión muy logrado y con el trabajo exquisito de una actriz como Natalie Portman, quien a través de su lenguaje corporal y el manejo de la voz se convierte en una Jackie trastornada, rota, muy sola, paralizada.
Aunque ha recibido críticas, Jackie cumple con la intención de llevarnos a la mente en compás de espera, de una mujer de apenas 34 años que vive la peor pesadilla. Antes de descalificar esta cinta, hay que hacer memoria: Jackie viaja en un convertible junto a su esposo, repentinamente éste recibe dos balazos, uno en el cuello y otra en la sien derecha que le hace explotar el cráneo. Cae en las piernas de ella que, bañada en sangre, trata de reunir los trozos de hueso y cerebro mientras él se le va muriendo en los brazos. Larraín capta perfectamente este momento que hemos visto hasta el cansancio, pero sabe internarse en el personaje que siempre se nos presenta como en pausa, con una mirada triste y perdida, como flotando. Nadie más que Jackie Kennedy supo lo que se siente en los minutos y días posteriores a una tragedia así y Pablo Larraín y, sobre todo Natalie Portman, le dan una interpretación a ese momento, totalmente distinta a las que hemos visto, mucho más profunda, empática, realista.
Valiéndose del close up al rostro de la protagonista, y un score que parece desdibujarse, casi derretirse, evocando los sonidos que deben haber estado pasando por su cabeza, transitamos por la intimidad de una mamá y esposa que pierde la brújula violentamente, que tendrá que ubicarse a sí misma, a sus pequeños hijos, negociar con los nuevos representantes en el gobierno, desconfiar de todos, y dignificar y honrar la memoria de su esposo, con quien además, en los últimos días anteriores a su muerte, su relación no era precisamente la mejor.
Es muy recomendable.
