Silencio

Martin Scorsese logra cumplir un sueño largamente acariciado por más de 25 años al llevar a la pantalla la novela Silence 1966, del escritor japonés Shusaku Endo. Para cierto sector de la crítica, que encasilla al realizador por sus sagas sobre el crimen y la ...

Martin Scorsese logra cumplir un sueño largamente acariciado por más de 25 años al llevar a la pantalla la novela Silence (1966), del escritor japonés Shusaku Endo. Para cierto sector de la crítica, que encasilla al realizador por sus sagas sobre el crimen y la violencia, es una película que no parece de Scorsese, pero quiero recordarles que La edad de la inocencia también se separa por completo de su línea narrativa y maneja un lenguaje cinematográfico diferente, y es una memorable expresión del realizador neoyorquino.

Scorsese, de origen italiano, católico, que estuvo a punto de convertirse en sacerdote, construye una suerte de corolario para su larga y compleja trayectoria. Tenía que pasar por las cintas que hizo antes para llegar a Silencio, que sin duda es su trabajo más personal, en el que puso parte de sí mismo, de sus convicciones, sus dudas, sus crisis existenciales y religiosas. Silencio es una exposición de las preocupaciones de Scorsese a lo largo de la vida, su fe y su Dios. Es un estudio de la condición humana, de nuestras debilidades, dudas, temores y fantasmas; del narcicismo que surge de la convicción de poseer la verdad absoluta. El hablar con un Dios que guarda silencio y obliga al personaje a encontrar las respuestas en sí mismo.

La puesta en escena de Scorsese, que hace la adaptación del libro junto con un antiguo colaborador suyo Jay Cocks, respeta los escenarios y ambientes de Endo, pero particularmente se enfoca en la travesía de su protagonista. La fotografía de Rodrigo Prieto enfatiza estados de ánimo, emociones y suspenso. La ausencia de un score como herramienta para manejar las emociones del espectador, da relevancia al trabajo fotográfico.

La historia se ubica en el Japón feudal del siglo XVII al que llegan dos jóvenes jesuitas portugueses que buscan a quien fuera su tutor y maestro, del que se rumora ha cometido apostasía y ha desaparecido. Resistiéndose a creer en que el Padre Ferreira (Liam Neeson), haya sucumbido a la tortura y renegado de su fe, se imponen la peligrosa misión de ir en su búsqueda. El relato se va transformando poco a poco en el viaje de un hombre que, buscando a otro, se va descubriendo a sí mismo. Narrada en primera persona por el protagonista, el Padre Rodrigues, en un trabajo excepcional de Andrew Garfield, se va descubriendo el choque de dos culturas radicalmente distintas, una que tiene su fuerza en la fe, otra que la tiene en su convicción de no ceder, muy hostil y con autoridades persecutorias dispuestas a someter a las torturas más brutales a cristianos japoneses y europeos hasta orillarlos a pisotear su fe. Rodrigues habla con Dios y transita una verdadera agonía al enfrentar su silencio y el dilema que cae sobre sus hombros.

Adam Driver es el padre Garupe, al que se antoja ver más en la pantalla. Issei Ogata, el actor japonés que da vida al inquisidor, debió estar nominado.

Silencio está producida por Gaston Pavlovich de Fábrica de Cine, una empresa mexicana, y es una película que usted no puede perderse.

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