7:19

Esta semana se cumplieron 31 años del sismo de la Ciudad de México. El tema había sido tratado muy escasamente por el cine mexicano. De hecho hay sólo algunos cortos. Probablemente por ser demasiado sensible la memoria y estar la herida muy abierta todavía, cuesta ...

Esta semana se cumplieron 31 años del sismo de la Ciudad de México. El tema había sido tratado muy escasamente por el cine mexicano. De hecho hay sólo algunos cortos. Probablemente por ser demasiado sensible la memoria y estar la herida muy abierta todavía, cuesta trabajo abordar una realidad que nos sobrepasó brutalmente, empezando por las propias autoridades.

Otra razón que hay que identificar para no arriesgarse a hacer una película sobre el sismo son los requerimientos técnicos, ya que la recreación del desastre en pantalla demanda un presupuesto importante que las cintas mexicanas no suelen tener.

El director y guionista Jorge Michel Grau (Somos lo que hay) se lanza a lo grande en el largometraje 7:19 que se estrena este viernes. Con un guión escrito por él y Alberto Chimal, nos ubica en una ficción protagonizada por sólo dos personajes atrapados en los escombros y que son interpretados por dos talentosos actores, sin duda lo mejor de la película: Héctor Bonilla y Demian Bichir.

La historia se inicia a las siete de la mañana de ese fatídico 19 de septiembre cuando los empleados de una Secretaría, no identificada, van llegando a trabajar. Con algunos planos secuencia, Grau recorre a cada uno: Don Martín, el anciano velador (Bonilla), Pellicer, un altivo jefe de la Secretaría (Bichir), y otros empleados interpretados por Carmen Beato, Óscar Serrano, Azalia Ortiz.

El sismo se inicia cuando el grupo está en la planta baja y en pocos segundos toda la estructura se les viene encima y queda la oscuridad total. Poco a poco se van escuchando quejas y gritos. La escena se mantiene en el escaso espacio en que quedaron sepultados vivos Pellicer y don Martín. El primero con las piernas atrapadas por un enorme bloque de concreto, el velador tal y como estaba, sentado en su escritorio, prensado también entre vigas, varillas y columnas. Ambos alcanzan a verse y comunicarse, y al escuchar los gritos de sus compañeros, atrapados en otra sección, tratan de darles ánimos.

La primera media hora de 7:19 está muy bien lograda. Desde la breve introducción de los personajes, el desplome del edificio y el enfrentamiento con la gravísima situación en que se encuentran, el relato nos mantiene interesados. Para indicar el paso de los días la escena se va a negros y al silencio absoluto.

Es difícil sostener un drama de hora y media en un espacio cerrado y con actores que están inmovilizados, y sin duda Bichir y Bonilla tienen toda la experiencia para manejar el drama extraordinariamente bien, pero después de unos minutos la conversación entre los dos hombres y los otros que los escuchan, se va dirigiendo, de manera un poco forzada, hacia la crítica social y la corrupción en torno a las causas de que ese edificio se cayera. Este diálogo que insisto, se percibe poco espontáneo, se pudo evitar con otra trama paralela: la de los rescatistas en el exterior y su esfuerzo por detectar dónde quedaban sobrevivientes, lo que incluso hubiera reforzado el suspenso.

Fuera de esto, la película es impecable a nivel técnico, con un trabajo actoral fuera de serie.

Hay que verla.

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