Se levanta el viento
Durante la presentación de su más reciente película Se levanta el viento Kaze Tachinu, Japón, 2013, en el Festival de Cine de Venecia, el realizador japonés Hayao Miyazaki anunció su retiro de la dirección de largometrajes. Aunque no es la primera vez que habla de ...
Durante la presentación de su más reciente película —Se levanta el viento (Kaze Tachinu, Japón, 2013)—, en el Festival de Cine de Venecia, el realizador japonés Hayao Miyazaki anunció su retiro de la dirección de largometrajes. Aunque no es la primera vez que habla de retiro, el propio Miyazaki aclaró que ahora sí es definitivo, y que a sus 74 años considera que ya no quiere asumir ese reto, pero seguirá visitando los Estudios Ghibli de los que es cofundador, “y si hay algo que desee hacer, entonces lo haré”.
Se levanta el viento se estrenó ayer en nuestro país con nula promoción, lo cual es lamentable pues sin duda se trata de uno de los mejores estrenos de esta temporada, y el más destacado de este fin de semana. Las grandes superproducciones de verano se adueñan de las pantallas nacionales y dejan pocos espacios para otro tipo de cine.
Miyazaki es uno de los realizadores más importantes de la historia del cine japonés. Gran maestro de la animación, su especialidad es contar historias, personales, complejas, emotivas, muy bien estructuradas, mezclando sueños, ilusiones, fantasías y simbolismos. Tiene una rica imaginación, es meticuloso, elegante, pone mucho de su propia biografía en cada relato, como es evidente en El viaje de Chihiro, La princesa Mononoke, El castillo ambulante. Sus personajes suelen ser niños, pero no por ello las tramas son siempre atractivas para espectadores muy pequeños.
Se levanta el viento no es la excepción. Está basada en el manga (cómic) o novela corta del propio Hayao Miyazaki, y desde un punto de vista muy personal recrea la vida de Jiro Horikoshi, un ingeniero en aeronáutica que diseñó numerosos modelos de aviones caza japoneses, entre los que el más conocido es el famoso Zero de la Segunda Guerra Mundial. Es un personaje con el que el realizador se identifica pues desde niño sintió pasión por los aviones.
En los primeros minutos el realizador establece una paleta de color en exquisitos tonos pastel con imágenes bellísimas, en las que el elemento del viento, presente constantemente, permite un verdadero espectáculo en cada cuadro. El detalle de los dibujos animados y la solvencia de la historia casi nos hacen olvidar que no estamos ante actores de carne y hueso, como en la brillante secuencia del terremoto, las manos de los enamorados que se unen, el avioncito de papel flotando al capricho del viento.
Miyazaki siempre ha sido un gran pacifista y defensor del medio ambiente, mucho de sí mismo está en el relato. Los sueños del protagonista son usados de manera artística para conocerlo más a fondo. En estos sueños aparece Giovanni Caproni, un ingeniero y diseñador de aviones italiano que entra y sale de las fantasías de Horikoshi, y que le sirviera de ejemplo e inspiración. Además uno de sus aviones, el Caproni CA 309 Ghibli, inspiró el nombre de los estudios de Miyazaki.
Otro aspecto importante en las películas del cineasta son las historias de amor, y la de Se levanta el viento corre paralelamente al eje del relato de manera armoniosa, tiene además el elemento de la imposibilidad de ese amor. Jiro se enamora de Nahoko desde que es una niña; la dulzura y suavidad de las secuencias hacen que se antoje estirar la mano para tocar la pantalla.
Por otro lado el protagonista es un hombre que se dedicó a diseñar aviones de guerra, que sentía verdadera pasión por verlos volar a toda velocidad, pero no parece haber tenido un espíritu belicoso. El guión no alcanza a hacer suficiente énfasis en la frustración de Jiro Horikoshi por el hecho de que a fin de cuentas eran máquinas para matar. Quizá fue por eso que Miyazaki publicó un polémico artículo, donde cuestionó la intención de grupos conservadores de hacer modificaciones a la Constitución, que permitieran que Japón se hiciera de un ejército.
Para su “despedida” Hayao Miyazaki nos regala otra obra maestra, probablemente la más redonda y que habla de la madurez que ha alcanzado. Su espíritu aventurero y el niño que trae dentro, se unen con una imaginación desbordante para construir un relato en el que el protagonista parece ser él mismo. Ojalá no sea la última.
