Mucho ruido y pocas nueces
Sin duda entre los escritores clásicos que son constantemente llevados a la pantalla, el que encabeza la lista es William Shakespeare quien junto con Charles Dickens aporta numerosos argumentos que, desde que existe el cine hace más de 100 años, no nos hemos cansado de ...
Sin duda entre los escritores clásicos que son constantemente llevados a la pantalla, el que encabeza la lista es William Shakespeare quien junto con Charles Dickens aporta numerosos argumentos que, desde que existe el cine hace más de 100 años, no nos hemos cansado de ver en todo tipo de versiones alrededor del mundo.
Con más de 250 títulos basados en obras de El Bardo, Hamlet es probablemente la que más se ha llevado a la pantalla, ya que entre adaptaciones para cine y televisión se suman alrededor de 65. Tanto en China como en México, Canadá, Rusia, India, Suecia, el Medio Oriente y el Sur de América, por todo el mundo, la enorme riqueza de la dramaturgia de Shakespeare sigue seduciendo a nuevos públicos que se rinden ante sus tragedias y comedias.
Es el caso de la adaptación de Mucho ruido y pocas nueces (Much Ado About Nothing, Estados Unidos, 2012) que actualmente se presenta en algunas salas cinematográficas de nuestro país. Dirigida y adaptada por Joss Whedon es una buena muestra de que del siglo XVI a la fecha no hay mucho de nuevo bajo el sol, pero sí en la forma de recontar una historia.
La hace aun más atractiva el que el director hace dos años estaba dirigiendo Los vengadores, una producción millonaria que ha tenido un éxito sorprendente en la taquilla y que reúne a los más emblemáticos superhéroes de la empresa Marvel. Además tiene una amplia experiencia en la televisión estadunidense y participó en los guiones de Titan A. E., Alien: Resurrección, Toy Story y Atlantis, el imperio perdido.
Whedon se sale por completo de su línea y de la comodidad de estos grandes proyectos para traer Mucho ruido y pocas nueces al siglo XXI, textualmente, en una adaptación moderna, inteligente y divertida.
Fue Kenneth Branagh quien en 1993 realizó la última versión de esta comedia shakespeariana en un estilo muy personal y prefiriendo una puesta en escena más clásica con actores como Denzel Washington, Emma Thompson, Kate Beckinsale, Keanu Reeves, Imelda Staunton, y el propio Branagh que gusta de dirigir e interpretar.
Para su versión Joss Whedon deja lo clásico, los grandes escenarios y complicados vestuarios y ubica la acción en la época actual en una elegante casa (la suya por cierto) como el único set del desarrollo de la obra. También trabaja con actores poco conocidos con lo que la atención se centra en la historia y en los deliciosos monólogos y diálogos de los personajes. La fotografía es en un nítido blanco y negro y no se explotan mayores recursos técnicos, lo que la debe haber hecho una producción económica que confirma que no son necesarios los grandes presupuestos (como los de Baz Lurmann) para hacer muy buen cine.
Esta comedia romántica plagada de enredos, mentiras y traiciones, con los característicos y brillantes juegos de palabras del autor de Romeo y Julieta se inicia con la llegada a casa de Leonato de Don Pedro de Aragón, que viene de la guerra en compañía de su hermano bastardo, Don John, quien está lleno de odio y resentimiento y será el autor de la intriga que complique la historia de amor de Claudio y Hero, la hija de Leonato.
Por otro lado Benedick, quien también acompaña a Don Pedro, y Beatriz, la sobrina de Leonato, inician una relación de amor-odio que le da a Mucho ruido y pocas nueces algunos de sus mejores momentos con el intercambio de frases agudas e ingeniosas en un duelo de palabras, que parece que sólo terminará en amor cuando Beatriz o Benedick dejen a un lado el orgullo para demostrar sus verdaderos sentimientos.
Don John es envidioso e intrigante y se propone malograr el romance entre y Hero y Claudio. Para ello urde una complicada trama de difamación y rumores que lleva a la suspensión de la boda porque Claudio, indignado, cree que su amada ha dejado de ser doncella.
Desconozco si Whedon ensayó mucho con sus actores pues se percibe un marcado cambio de ritmo en su desenvolvimiento, que al principio presenta algunos problemas pero hacia la mitad van desapareciendo para verse en mayor control, con una más convincente manera de “decir” sus líneas y relacionarse entre sí en la escena.
Si usted quiere ver algo diferente y bien logrado no se pierda Mucho ruido y pocas nueces.
8/10.
