Anna Karenina: la que violó las reglas

No cabe duda de que uno de esos clásicos que siguen siendo irresistibles para los realizadores y productores de cine es Anna Karenina escrito por León Tolstoi. Novela por entregas en una revista rusa entre 1875 y 1877, que se publicó finalmente como libro en ese ...

No cabe duda de que uno de esos clásicos que siguen siendo irresistibles para los realizadores y productores de cine es Anna Karenina escrito por León Tolstoi. Novela por entregas en una revista rusa entre 1875 y 1877, que se publicó finalmente como libro en ese año.

Desde la mismísima Greta Garbo en la versión de 1935, hasta Keira Knightley con sus escasos 28 años en la adaptación que hoy nos ocupa, varias actrices han estado en los zapatos de la trágica Anna, la adúltera atormentada, la que rompió las reglas. Vivien Leigh y Jacqueline Bisset me resultan las más convincentes.

En el libro de Tolstoi el relato sigue la trágica historia del amor imposible y destructivo entre Anna Karenina, una muy joven dama de la alta sociedad rusa insertada en los años de excesos, dispendios e insensibilidad de la aristocracia. Anna está casada con el Conde Alexei Karenin al que han dado vida en la pantalla verdaderos pesos pesados como Basil Rathbone, Ralph Richardson, Paul Scofield, Alfred Molina. En esta nueva versión Karenin es Jude Law, quien explora al personaje de una manera mucho más humana que en las anteriores películas. Con la cabeza rasurada y envejecido, Law dota de una extraña ternura a este marido engañado y hace que lleguemos a sentir simpatía por él; se roba la película.

Los problemas de Anna empiezan en las primeras páginas del libro, cuando en un viaje para convencer a su cuñada de que no abandone a su mujeriego marido y hermano de Anna, Stiva (qué astucia la de Tolstoi), se enamora a primera vista del apuesto Conde Alexei Vronski iniciando una relación adúltera y trágica. Anna abandona todo, su matrimonio y su pequeño hijo, una reputación, la respetabilidad, la seguridad económica, la estabilidad emocional, todo se queda atrás cuando corre detrás de su amante.

Vronsky ha sido interpretado por Fredrich March, Kieron Moore, Sean Bean y, sin duda el mejor, Christopher Reeve. En esta versión de 2012 Vronsky es un muy tibio y aún falto de madurez emocional y física para ser convincente en el personaje, Aaron Taylor Johnson que está bien para Salvajes o Kick Ass, pero no está listo para una película como ésta.

Si Tolstoi hubiera usado la palabrita tan en boga hoy en día, “química”, así es como hubiera descrito la atracción irresistible que nació entre Anna y Vronsky, y también con esa palabra en mente los productores que han llevado la historia a la pantalla grande debieron hacer la selección de los actores. Entre Kiera Knightley y Aaron Taylor Johnson no existe ni la más mínima chispa y, por lo tanto, el arrebato de la pasión desenfrenada que tienen que comunicarnos nunca es creíble. De hecho él se ve más joven que ella, no le da matices al personaje, es casi adolescente. Sus escenas de amor son falsas y con una exagerada coreografía; además está el riesgo de que Knightley sobreactúa con facilidad. Precisamente aquí está el punto débil de la película, justo donde debía estar su mayor fuerza.

Hacer una nueva versión de una obra ya tan vista en la pantalla lleva sin remedio a las chocantes comparaciones y a la pregunta obligada ¿qué aporta de nuevo?

Joe Wright, el director de esta nueva propuesta, y Tom Stoppard autor de la adaptación y por cierto poseedor de una impresionante filmografía, trataron en efecto de hacer algo diferente. Se trata de una puesta en escena de gran belleza en la que la acción cambia del escenario teatral al cinematográfico constantemente, en secuencias que se inician en el reducido espacio de las tablas de un teatro para luego hacer que los personajes caminen hacia una enorme sala, una calle, un gigantesco campo de cultivo.

La coreografía es casi la de un musical y a veces sólo falta que los actores empiecen a cantar. El diseño de arte, la escenografía y el vestuario son impecables, de hecho este último ganó un Oscar el domingo pasado.

Pero por cuidar tanto todo eso los realizadores descuidaron la historia, restaron peso a los personajes secundarios que son tan importantes en la obra de Tolstoi, dieron por hecho que dos caras bonitas garantizaban el éxito de la película y desaprovecharon un buen cuadro de actores.

Insisto, la salva su muy original puesta en escena, pero la historia perdió toda su sustancia. 7/10

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