La biodiversidad, directo a la catástrofe

La vida silvestre del planeta va en picada de una forma alarmante y, por lo mismo, se acerca no a uno, sino a varios puntos de inflexión como resultado de las actividades humanas y las crecientes amenazas de la crisis climática. Las consecuencias serán catastróficas. No ...

La vida silvestre del planeta va en picada de una forma alarmante y, por lo mismo, se acerca no a uno, sino a varios puntos de inflexión como resultado de las actividades humanas y las crecientes amenazas de la crisis climática.

Las consecuencias serán catastróficas.

No podría ser de otra manera si el declive de la biodiversidad, segundo a segundo, está atada a la pérdida de los diversos hábitats debido a la tala de árboles y destrucción de bosques y selvas para abrir paso al sector agrícola-ganadero, la construcción de infraestructuras y limpiar áreas naturales para la expansión de manchas urbanas; producción de energía, minería; caza y pesca, tanto directa como furtiva para alimentación, tráfico de especies y mercado negro; entre muchos factores más.

El mundo natural pende de un hilo finísimo.

El Informe Planeta Vivo 2024 elaborado por el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, por sus siglas en inglés) y la Sociedad Zoológica de Londres da un panorama desolador sobre el declive de biodiversidad global y pone en relieve una disminución de 73% de las poblaciones de vida silvestre monitoreadas desde 1970 hasta 2020.

Esta reducción es alarmante, en particular en las especies de agua dulce, pues la caída de 85% refleja presiones ambientales crecientes, como pérdida de hábitat, sobreexplotación, cambio climático, contaminación, especies exóticas invasoras y enfermedades.

Las especies terrestres y marinas enfrentan disminuciones de 69% y 56%, respectivamente. Esto no hay que verlo como simples números, porque son más que eso, indican la degradación de los ecosistemas de los que depende la humanidad por sus servicios ecosistémicos esenciales, como agua y aire limpios, seguridad alimentaria y regulación del clima, por ejemplo.

Y si esto no nos despierta como humanidad, va más información que, además, deberían analizar los tomadores de decisiones: las poblaciones de vida silvestre en América Latina y el Caribe se han desplomado 95%, seguidas de cerca por África, con 76%, y la región de Asia y Pacífico con 60 por ciento.

De acuerdo con datos del WWF dados a conocer en la presentación del informe la semana pasada, México, en los últimos 22 años, ha perdido alrededor de 4.89 millones de hectáreas de ecosistemas naturales, lo cual equivale a la superficie de Costa Rica.

No sólo eso, son mil 573 especies en riesgo y 42% de los acuíferos del país no tienen disponibilidad de agua. Y la principal causa del declive de las poblaciones de animales silvestres son la agricultura y la ganadería no sostenibles y el cambio de uso de suelo.

La vida silvestre en nuestro país, lamentablemente, no está entre las prioridades de nadie y ejemplos hay muchos. De los más recientes está la devastación de la selva, los acuíferos y los cenotes de la península de Yucatán, que han sido fragmentados. Jaguares, ocelotes, tapires, monos aulladores y monos araña, así como manatíes y loros, entre otros animales, luchan día a día por sobrevivir.

Otro frente que está abriéndose es en contra del llamado “Acuario del Mundo”, como lo bautizó Jacques-Yves Cousteau.

El denominado Proyecto Saguaro pretende construir una terminal de gas natural licuado, un combustible fósil —de los culpables de la crisis climática—, en Puerto Libertad, Sonora, donde habita una comunidad de pescadores cuyo sustento está en el Golfo de California.

El gas se extraería a partir del fracking en Texas y para llevarlo a Puerto Libertad deberá construirse un gasoducto y la megaterminal de licuefacción (400 hectáreas), además, para transportarlo hacia el destino de las ganancias, es decir Asia, a esa pequeña comunidad de pescadores llegarán enormes buques para cargar el combustible fósil.

Ese proyecto, que ni mexicano es, pero sí involucra a las autoridades, por donde se vea, causará daño ecológico de dimensiones descomunales y la muerte de ecosistemas marinos y terrestres. La vida de las personas y la biodiversidad es en lo último que piensan los involucrados.

Siguiendo con Planeta Vivo 2024, indica que los descensos de vida silvestre fueron un poco menos dramáticos en Europa y Asia Central, con 35%, y Norteamérica, con 39%, respectivamente, sin embargo “refleja el hecho de que los impactos a gran escala sobre la naturaleza ya eran evidentes antes de 1970 en estas regiones: algunas poblaciones se han estabilizado o han aumentado gracias a los esfuerzos de conservación y a la reintroducción de especies”.

También enfatiza que la pérdida de biodiversidad y la crisis climática están interrelacionadas, lo cual lleva a los ecosistemas hacia puntos de inflexión irreversibles.

La selva amazónica y los arrecifes de coral, por ejemplo, están cerca de umbrales críticos que, si se cruzan, podrían desencadenar un colapso ecológico generalizado.

El informe hace un llamado a los gobiernos y empresas para que eliminen las actividades nocivas para el clima y la biodiversidad, y redirijan sus esfuerzos hacia soluciones más sostenibles. La pregunta es si harán caso al llamado.

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