Fósil, es eso, fósil

Frenar la crisis climática, así como garantizar aire limpio y respirable no es un asunto menor, se trata de un deber de cada Estado nación, primero, porque las autoridades tienen la obligación de proteger y respetar el derecho a una vida sana y en armonía con el ...

Frenar la crisis climática, así como garantizar aire limpio y respirable no es un asunto menor, se trata de un deber de cada Estado nación, primero, porque las autoridades tienen la obligación de proteger y respetar el derecho a una vida sana y en armonía con el ambiente y, segundo, porque 195 países firmaron en la Conferencia de París, en diciembre 2015, el primer acuerdo vinculante sobre el clima, que está por cumplir cinco años.

En los hechos, las energías renovables están demostrando su efectividad para producir electricidad de manera segura. Hacen que el aire sea limpio, por lo tanto, es respirable, pues, al no generar emisiones de dióxido de carbono y otros gases contaminantes, causantes del cambio climático, las sociedades pueden aspirar a tener una mejor y más saludable calidad de vida.

El año pasado, el Consejo de Derechos Humanos del sistema de Naciones Unidas calificó la contaminación atmosférica como asesino silencioso e indicó que el daño provocado “no recibe la atención adecuada, ya que las muertes no son tan trágicas como las causadas por desastres o epidemias”.

Eso el año pasado, porque ahora todo ha cambiado.

Sería deseable que la emergencia sanitaria debido al virus SARS-Cov-2, causante del covid-19, nos deje una gran lección sobre la letalidad registrada de la enfermedad en regiones con muy mala calidad del aire.

Los datos ahí están. Investigadores de la Escuela de Salud Pública T.H. Chan de la Universidad de Harvard analizaron información sobre los niveles de partículas PM2.5 y las muertes por covid-19 en tres mil condados de Estados Unidos y en aquellos que promediaron un microgramo por metro cúbico más de PM2.5 en el aire tuvieron una tasa de mortalidad 15% más alta.

Que no se nos olvide, la contaminación del aire es propiciada por la quema de combustibles fósiles —petróleo, gas y carbón— en los sectores transporte, generación de energía y diversas actividades, y ello ocasiona daño a la salud humana.

No hay carbón limpio ni seguro ni tampoco gasolinas, combustóleo u otros derivados del petróleo.

El camino está trazado a nivel global, dejar los combustibles fósiles para pasar hacia sistemas de energía cero emisiones de carbono.

Muchos gobiernos nacionales y locales están tomando muy en serio la transición hacia las renovables, pues están conscientes de que no sólo ayudarán a mejorar la calidad de vida de las personas, sino también son un importante motor para estimular el desarrollo y crecimiento económicos, a la par de cumplir con los compromisos del Acuerdo de París, así como los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Y es quizá la única manera que tenemos para mitigar las inevitables consecuencias de la crisis climática.

La transición hacia las energías renovables sigue en marcha y nada ni nadie debe frenarla. Al contrario, es urgente acelerar el paso.

Un dato alentador. En 2019, el crecimiento global de las energías renovables superó el crecimiento de los combustibles fósiles, de acuerdo con el más reciente informe de la Agencia Internacional de Energía Renovable (IRENA, por sus siglas en inglés).

Así, las centrales eléctricas con base en combustibles fósiles van en retroceso.

El informe indica que la energía renovable, principalmente hidroeléctrica, eólica, solar, geotérmica y bioenergética —¡ojo!, la nuclear no lo es—, representó el 72% de toda la expansión de la capacidad instalada total en casi todas las regiones del mundo.

Si bien el informe también mostró que en 2019 la cifra fue ligeramente inferior a los 179 GW de 2018, el mercado continuó expandiéndose, más de 7.5 por ciento.

Sin embargo, se debe acelerar el crecimiento de las energías renovables para alcanzar las metas y no perder de vista que en Asia, Oriente Medio y África sigue creciendo en número de plantas de carbón y de gas.

Las energías que dominan la expansión de la capacidad renovable en todo el mundo son la solar y la eólica. Éstas representaron, en conjunto, el 90% de todas las adiciones renovables netas el año pasado.

Las fuentes de energía renovable nos brindan aire y agua más limpios, es decir, entornos saludables, ¿acaso usted observa columnas de humo negro salir de los aerogeneradores o de los campos de paneles solares?

En cambio, al quemar petróleo, combustóleo, gas y carbón, sí las hay, y eso pone en peligro la salud de las personas y del planeta.

El gran desafío es lograr, a pesar de los estragos económicos, más economías neutras en carbono, pues los beneficios bien lo valen: aire más limpio, mitigar los costos de la crisis climática, además de desarrollo y crecimiento económicos. Sólo falta dejar de ver hacia el pasado.

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