El hombre feroz
Los animales salvajes están siendo amenazados por la fragmentación y destrucción de sus hábitats, así como por la degradación del ambiente y los impactos del cambio climático. A esas condiciones hay que sumar la caza ilegal, la violación y omisión de las leyes de conservación. Una de las especies carnívoras que ha batallado por su supervivencia a lo largo del tiempo es la Canis lupus.
A los lobos, objeto de leyendas por su aullido y fisonomía, históricamente el ser humano los ha visto como el enemigo a aniquilar. Se les dispara, atrapa o envenena porque se atreven a pisar los territorios humanos y porque atacan el ganado o animales de granja y compañía.
Ello ocasionó una cacería desmedida liderada por autoridades y ganaderos.
Sí, por eso la relación humano-lobo es de animadversión.
Y si lo hacen estos animales que viven en manada es porque el mismo hombre se ha encargado de mermar la cadena trófica, así como sus hábitats.
El año pasado fue señalado como el más mortal para la subespecie de lobo gris mexicano (Canis lupus baileyi).
De acuerdo con datos del Centro para la Diversidad Biológica de Estados Unidos, de enero a noviembre de 2018, se masacraron 17 lobos en las zonas de Arizona y Nuevo México. En contraste, en 2016 se registraron 14 muertes y en 2017, 12.
No importa si son muchas o pocas, lo realmente alarmante es que la subespecie se encuentra en peligro de extinción y, de no hacer nada, pasará a la historia.
Hacia finales de los años 70 del siglo pasado, el lobo gris mexicano en nuestro país rozó la desaparición.
Actualmente, es catalogada como una subespecie extinta en vida silvestre, según la Norma Oficial Mexicana (NOM) 059-SEMARNAT-2010 de protección ambiental de especies nativas de flora y fauna.
Sin embargo, gracias a los esfuerzos conjuntos de especialistas y organizaciones multidisciplinarias del sur de Estados Unidos y de México, a través del Programa Binacional para la Recuperación del Lobo Mexicano, al Canis lupus baileyi se le protege y conserva.
También se rehabilita para reintegrarlo a la vida silvestre. Para monitorear condición y ubicación, a cada lobo se le coloca un collar de rastreo.
Existen programas de manejo en cautiverio y de reproducción, con casos de éxito como el del Museo del Desierto, en Saltillo, Coahuila, donde nació una camada de cinco lobos mexicanos, en 2017. Un logro importantísimo, sobre todo porque entre México y EU hay poco más de 300 lobos en cautiverio y menos de 90 en vida libre.
Paradójicamente, en 2017, el inquilino de la Casa Blanca autorizó la caza de lobos y de osos en madrigueras, que incluye cachorros y hembras preñadas.
Y aun así, seguimos colgándole a los lobos y a otras especies el adjetivo de salvajes, cuando hay más salvajada en el humano que, por placer e ignorancia, empuña un rifle para matar a un ser vivo que considera inferior.
A inicios de diciembre del año pasado, la loba llamada Spitfire, la más famosa y querida del Parque Nacional de Yellowstone, fue masacrada por un cazador que participaba en un torneo.
Desafortunadamente, en esa región de Montana, EU, la cacería es legal.
Para no ir más lejos, el sábado pasado en las redes sociales se viralizó una fotografía en la cual aparecen un niño —cargando un rifle—, un adolescente y dos hombres adultos, uno de ellos presume los dos lobos que mataron.
Pudo haber sido cualquier hijo de vecino, pero no, estuvo involucrado un funcionario público.
La organización defensora de animales Amor Peludo denunció que uno de los dos adultos era David Bautista Reséndiz, regidor de Áporo, Michoacán, y lo acusa de cazar ilegalmente a una especie en peligro de extinción. También solicitó a la Semarnat investigarlo.
Es condenable el hecho de la muerte de los dos lobos, también lo es el involucrar a niños en la matanza de animales.
Y una de dos, la exhibición en redes sociales fue abrumadora o le remordió la conciencia a Bautista Reséndiz, quien el domingo presentó una solicitud de licencia de manera formal y voluntaria al cargo para enfrentar las consecuencias legales por matar a los ejemplares protegidos.
El presidente municipal de Áporo, Juan José Mendiola Loza, informó que la Profepa ya lo investiga. Ojalá y así sea.
Que le caiga todo el peso de la ley porque, de acuerdo con el Código Penal Federal, se consideran delitos contra la biodiversidad acciones como cazar, pescar y capturar especies silvestres en peligro de extinción (artículo 420) y las sanciones van “de uno a nueve años de prisión y por el equivalente de trescientos a tres mil días multa”.
En fin. Más salvajes son las acciones de los hombres que las de los propios animales con fauces feroces.
