Desperdiciar la comida… contamina
La pérdida y el desperdicio de alimentos a nivel global es obsceno. Y en México lo es más. No hay otra manera de decirlo, porque más de 820 millones de personas tienen hambre. En nuestro país, 24 millones de mexicanos sufren de algún grado de inseguridad ...
La pérdida y el desperdicio de alimentos a nivel global es obsceno. Y en México lo es más. No hay otra manera de decirlo, porque más de 820 millones de personas tienen hambre. En nuestro país, 24 millones de mexicanos sufren de algún grado de inseguridad alimentaria.
La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) calcula que cada año se tiran mil 300 millones de toneladas de alimentos en el mundo. Podría pensarse que en los países desarrollados existe menos desperdicio respecto de aquellas economías emergentes, como el caso de México, pero no es así; tanto en unos, como en otros, la pérdida de comida es alarmante y ofensiva.
En México, 46.4 millones de personas carecen de un ingreso laboral suficiente para superar la pobreza extrema, de acuerdo con el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), por lo tanto, hay millones que viven en situación de pobreza alimentaria y resulta inconcebible que se pierdan o desperdicien 31 millones de toneladas de alimentos al año. Sí, comida que termina en la basura con impactos sociales, económicos y ambientales gravísimos.
Un informe de la consultora Kolibri, titulado Alimentos: oportunidades y desafíos en la cadena de valor, destaca que 31 millones de toneladas se pierden o desperdician cada año, esto es: 11 millones de toneladas se tiran a la basura en los hogares y 20 millones de toneladas se pierden en la cadena de suministro. “Esta pérdida se concentra en 79 productos que representan 81% del total de alimentos comprados por un hogar mexicano”. La pérdida y el desperdicio impactan significativamente en el abastecimiento de la población, dado que muchos de esos alimentos podrían cubrir las necesidades de millones de personas con inseguridad alimentaria.
En lo económico, este nivel de pérdida de alimentos para el país representa 25 mil millones de dólares o 2.5% del PIB. Además, el informe de Kolibri recuerda que la agricultura tiene un impacto ambiental profundo.
La huella hídrica es de 70% sobre todos los cuerpos de agua superficiales y subterráneos, y la huella ambiental es de 12% de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), siendo la agricultura el segundo sector, después del energético, que más emisiones genera. Para ponerlo en perspectiva, un litro de leche requiere mil litros de agua. México no puede darse el lujo de agravar el problema al desperdiciar los recursos naturales. Y tirar la comida contribuye al cambio climático.
Cuando los alimentos se descomponen en los vertederos se liberan grandes cantidades de GEI, como dióxido de carbono y de metano, que es un gas mucho más perjudicial que el primero. En México, donde ya enfrentamos graves problemas ambientales como la contaminación del aire y la escasez de agua, el desperdicio de alimentos exacerba estos desafíos.
El desperdicio y pérdida de alimentos no es un fenómeno sencillo, porque se genera en múltiples etapas de la cadena alimentaria. Desde que se cultivan y cosechan verduras, frutas, cereales y granos, así como en las granjas, hasta que se transporta, almacena y distribuye la comida y llega a los hogares. Cada eslabón tiene su propia cuota de responsabilidad.
Si bien existen iniciativas para recuperar alimentos y llevarlos a quienes más los necesitan, como los bancos de alimentos, los cuales realizan una labor destacada, se requiere urgentemente adoptar estrategias más eficaces para reducir el desperdicio, lo cual debe involucrar acciones público-privadas y, por supuesto, echar mano de la tecnología.
Sobre este último punto, hace cuatro años, justo en el marco del Día Internacional de Concientización sobre la Pérdida y el Desperdicio de Alimentos, declarado el 29 de septiembre por la Asamblea General de Naciones Unidas, nació Cheaf.
Kim Durand, CEO y fundador de la startup mexicana, dijo en entrevista que la idea es rescatar los alimentos, y así evitar y reducir el desperdicio a través de Cheaf –una aplicación móvil gratuita– tomando en cuenta que en México, en promedio, se desperdician 105 kg de comida por persona al año, lo cual “es un problema mayor, en un país donde una tercera parte de la población vive en situación de hambre y 40% de los alimentos se va a la basura”.
Cheaf redistribuye los excedentes que aún son seguros para comer y los ofrece a entre un tercio o la mitad de su precio de mercado al usuario de la app, que funciona como un marketplace. La app tiene más de tres millones de descargas y más de dos mil 100 negocios de comida afiliados.
Durand destacó que han ayudado a recuperar entre tres y medio millones a cinco millones de kg de alimentos al año y calcula que se ha evitado la emisión de más de ocho millones 600 mil kg de CO2. También comentó que un estudio recién realizado halló que 75% de las personas encuestadas siente que no se toman suficientes medidas para evitar el desperdicio, y 76% manifestó un sentimiento de culpa al descartar alimentos que podrían servir a otros.
El desperdicio de alimentos no es sólo un tema de eficiencia o sostenibilidad, es una cuestión de equidad y justicia en un país donde la pobreza alimentaria es una realidad diaria para millones de personas, y permitir que toneladas de alimentos terminen en los vertederos es inaceptable.
Sólo con un cambio de mentalidad y acciones concretas México podrá avanzar hacia un futuro más sostenible y equitativo. Así que, antes de tirar la comida en casa, piense en aquellos que se van a dormir y despiertan con hambre. Lo mismo va para los negocios.
