La acción climática es un asunto de ingresos

Lorena Rivera

Lorena Rivera

Editorial

Enfrentar la crisis climática, cuando la temperatura promedio global ya ronda los 1.5 grados Celsius a más de 10 años de la firma del Acuerdo de París, requiere no sólo dejar atrás la quema de combustibles fósiles, sino también del compromiso de los sectores poblacionales que más contribuyen a las emisiones de gases de efecto invernadero.

Tan sólo 10% de la población mundial es responsable de alrededor de la mitad de las emisiones, mientras que 50% con menores ingresos genera entre 8 y 12% de las emisiones globales, que, a la vez, este segmento concentra los impactos y pérdidas más severos de la crisis climática y tiene menor capacidad financiera para invertir en soluciones.

La ciencia ya advirtió que cada fracción de grado de calentamiento que pueda evitarse hará que el planeta sea más habitable, ¿pero cómo hacer que, con el apoyo de los ciudadanos, las emisiones se reduzcan y se conviertan en una fuerza capaz de modificar hábitos de consumo, movilizar comunidades e impulsar cambios en las políticas públicas?

Durante años, la acción climática individual planteó una lista de decisiones cotidianas, como apagar las luces, desenchufar los electrodomésticos y equipos electrónicos cuando no se utilicen, ahorrar agua, separar la basura y evitar los plásticos desechables, sólo por mencionar algunos ejemplos. Por supuesto que son prácticas necesarias, pero a estas alturas resultan insuficientes para hacerle frente a una crisis que tiene causas y consecuencias distribuidas de manera desigual.

En nuestro país existe una propuesta que se ha ido construyendo años atrás desde la sociedad civil organizada llamada Net Zero Citizens (Ciudadanos Cero Emisiones), de Iniciativa Climática de México (ICM), presentada el 16 de octubre pasado en el marco del seminario PreCOP31, con el objetivo de abrir a la discusión la capacidad de acción que tiene un sector que puede hacer la diferencia si modifica su toma de decisiones: la población de mayores ingresos.

Hablamos de que las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) están relacionadas con el ingreso y las posibilidades de consumo: a mayor ingreso, mayores emisiones, pero un cambio de comportamiento sería fundamental para la acción climática desde las personas, los hogares y las comunidades.

En la presentación de Net Zero Citizens, Verónica Garibay, gerente de Transporte y Electromovilidad de ICM, explicó que existe un alto potencial de reducción de emisiones por cambios conductuales. 

El Panel Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) asegura que el uso de energía, movilidad y alimentación en los hogares son los rubros que tienen mayor potencial de reducción de emisiones, lo cual puede sumarse a las políticas que ya están comprometidas en las Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDC, por sus siglas en inglés) de los diferentes países.

México se calienta a una tasa 5.5 grados por siglo, actualmente ya rebasó el límite de calentamiento que se ubica en 1.9 grados por arriba de la media global, por lo cual las metas de reducción de las emisiones de GEI son un desafío y, si la sociedad está dispuesta, podría contribuir con acciones de disminución desde lo individual hasta lo colectivo. No todas las personas tienen las mismas opciones para reducir su huella ambiental, por lo que hay que subrayar que las responsabilidades son compartidas, pero diferenciadas porque, por ejemplo, en nuestro país, 10% de la población más rica genera más de 10 veces emisiones de carbono que el 50% con menores ingresos.

Así, Net Zero Citizens se dirige al 10% de mayores ingresos, con excepción del 1% más acaudalado, y busca promover cambios en los hogares y las comunidades. Aun así, se torna en un asunto complejo el tratar de incidir para que se den esos cambios de comportamiento, por ello, el enfoque va hacia las personas que tienen el interés, que ya están sensibilizadas frente a la crisis ambiental y que tienen la intención de mejorar su desempeño ambiental, especialmente las mujeres, señaló Garibay.

Y agregó que se ha demostrado que las mujeres no sólo tienen mayor sensibilidad a los temas sobre crisis ambiental y climática, sino porque están preocupadas por el futuro de sus hijos y del planeta mismo, además, están encargadas de las dinámicas en los hogares por los roles de género, como el tema de los cuidados, eso hace que tengan influencia en la toma de decisiones. Los segmentos con mayor capacidad económica y las mujeres pueden tener una influencia significativa en decisiones políticas y económicas, en el entorno donde trabajan o con los vecinos y en la comunidad. 

La experiencia de WIDU, organización cofundada y dirigida por Ana Hanhausen, ofrece elementos para entender cómo puede producirse ese cambio. Mediante talleres sobre desperdicio de alimentos realizados en zonas de altos ingresos, como Lomas de Chapultepec, y en colegios privados, algunas familias identificaron que sus emisiones superaban 120% el promedio nacional.

El trabajo también registró que, en un periodo de mes y medio, la proporción de participantes que consideraba que sus decisiones individuales podían tener un impacto real pasó de 57 a 91 por ciento. Sin duda, la sensibilización es un punto de partida, pero será necesario medir qué prácticas se modifican, cuánto tiempo se mantienen y qué disminución efectiva producen.

El valor de Net Zero Citizens está en ampliar la idea de ciudadanía climática y reconocer que las personas pueden actuar desde su hogar y comunidad, pero también desde su capacidad de influir, organizarse y exigir cuentas. Su contribución no debe medirse únicamente por las tecnologías que incorporan o los productos que dejan de comprar, sino por sostener los cambios a lo largo del tiempo y participar en soluciones colectivas.