2020, el inicio del Apocalipsis

Millones de personas están migrando hacia otras tierras porque en las suyasse ha perdido todo. El agua potable escasea y los ecosistemas colapsan gracias a la barbarie de la expansión urbana, la deforestación y actividades voraces e insostenibles.

La devastación del planeta y muerte de especies animales continúan su marcha. Las actividades humanas y la crisis climática son culpables. Las altas temperaturas globales en el verano han tenido un impacto severo sobre el Ártico, la Antártida y glaciares; los hielos desaparecen y los niveles de los océanos suben. Los incendios forestales en California, Washington y Oregon arrasan la costa Pacífico de Estados Unidos y, en medio de cielos rojos y aire denso y tóxico millones de personas se ahogan.

En la Amazonia, las llamas se avivan. Al 5 de septiembre, el Instituto Nacional de Investigación Espacial de Brasil detectó alrededor de 63 mil incendios este año y debido a la velocidad con que se expanden, 2020 podría establecer una nueva marca. Esa desgracia a Jair Bolsonaro lo tiene sin cuidado.

Eso no es todo. Si bien las emisiones de gases de efecto invernadero se redujeron mínimamente en los primeros meses del gran confinamiento ocasionado por la pandemia de covid-19, las concentraciones de GEI en la atmósfera se encuentran en niveles récord y continúan incrementándose de acuerdo con el informe United in Science de Naciones Unidas.

Los niveles previos a la pandemia están regresando, incluso, podrían superarse. Cierto, es urgente que las naciones reactiven sus actividades productivas para recuperarse del embate de la pandemia, pero ello debe basarse en planes verdes y sostenibles, para así no seguir quemando combustibles fósiles.

Sin embargo, el Acuerdo de París duerme el sueño de los justos. La temperatura global, lejos de bajar o, al menos estancarse, va en ascenso, igual que las sequías y, paradójicamente, las inundaciones destructivas. Millones de personas están migrando hacia otras tierras porque en las suyas se ha perdido todo. El agua potable escasea y los ecosistemas colapsan gracias a la barbarie de la expansión urbana, la deforestación y actividades voraces e insostenibles.

Hace unos días, el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, por sus siglas en inglés) dio a conocer su informe Planeta Vivo 2020, el cual advierte que en 50 años, 21 mil poblaciones salvajes de mamíferos, aves, anfibios, reptiles y peces se desplomaron 68 por ciento. En las últimas décadas, indica, entre los factores involucrados directamente en la mayor pérdida de la biodiversidad en los sistemas terrestres están los cambios en los usos del suelo, pues hábitats han sido convertidos en tierras de cultivo. Y los sistemas marinas están siendo sobreexplotados.

Sin embargo, alerta el informe, la crisis climática aún no es el factor más importante en la pérdida de biodiversidad, pero la previsión es que en las próximas décadas podría alcanzar el mismo peso o ser mayor que otros factores.

Los animales están perdiendo, a un ritmo acelerado, sus territorios por la urbanización, deforestación y agricultura intensiva, además, las amenazas incluyen el tráfico de especies, lo cual genera la aparición de enfermedades zoonóticas, como lo es el caso de la covid-19. De hecho, no hace mucho, Jane Goodall, la destacada primatóloga y antropóloga, afirmó que el desprecio de la humanidad por la naturaleza, los animales salvajes y de granja ha sido la causa de la pandemia.

La humanidad ha llegado al punto de inflexión en la relación con la naturaleza, así como en cuestión de crisis climática. Además, ya cosecha las consecuencias de siglos de explotación de los recursos que la Tierra provee. También por contaminar la atmósfera, esa delgada y frágil capa que cubre el planeta, y por usar los océanos como vertederos de desechos tóxicos y plásticos.

Los científicos han advertido sobre la creciente amenaza de la crisis climática, la degradación de los ecosistemas y la destrucción de la biodiversidad. Los daños ocasionados representan un gran desafío para el desarrollo de las naciones, la seguridad alimentaria, la economía y la paz mundial. Lo que se le ha hecho al planeta es éticamente cuestionable.

Bien dice el refrán “quien siembra vientos recoge tempestades”. Y la humanidad ha empezado a cosechar horrores debido a sus acciones y omisiones.

La ciencia dice que aún hay tiempo para enderezar el camino y este 2020 será crucial. Por ello, la recuperación poscovid-19 es una gran oportunidad para hacer lo correcto a través de paquetes de recuperación basados en inversiones limpias para así construir un presente y futuro seguros, saludables y resilientes con estricto respeto al mundo natural. De no hacerse, 2020 y los años por venir serán apocalípticos.

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