López Obrador: de la purificación a la podredumbre

Leo Zuckermann

Leo Zuckermann

Juegos de poder

Cito a mi amigo y colega, Carlos Bravo Regidor, sobre Morena y el caso Rocha et al.:  

“Más allá de una crisis, estamos ante una implosión moral. Independientemente de cuál termine siendo el desenlace de esta historia, el oficialismo ya perdió cualquier capacidad de presentarse como campeón de la honestidad pública. Su respuesta, antes que repudiar la captura criminal, fue ganar tiempo; antes que la vergüenza, fue el cálculo; antes que demostrar integridad, fue tratar de encubrir”.

Tiene razón, pero el asunto creo que es peor porque ésa fue la reacción del gobierno actual frente a una situación que ya había minado seriamente la moralidad de la 4T. Me refiero a la decisión del entonces presidente López Obrador de ungir a Rubén Rocha como candidato a gobernador de Morena en Sinaloa. El propio agraciado reconoció que él se quedó con esa candidatura, a pesar de no haber ganado la encuesta del partido. Fue el presidente quien se la adjudicó directamente.

¿Por qué?

Difícil pensar que el presidente no estaba enterado de los vínculos que tenía Rocha con el Cártel de Sinaloa.

Y lo que vino después…

Imposible que no se haya enterado de toda la evidencia de cómo este grupo del crimen organizado operó en la elección sinaloense para que el candidato de Morena ganara la gubernatura.

Las pruebas de los vínculos de Rocha con la delincuencia terminó siendo pública y notoria.

Si López Obrador hubiese tenido alguna duda, ésta se despejó por completo cuando Estados Unidos secuestró y se llevó de manera ilegal a ese país a El Mayo Zambada, una operación en la que estuvo presente Rocha y que terminó con el asesinato de Héctor Melesio Cuén, homicidio que el gobierno de Rocha trató de encubrir.

¿Por qué protegió López Obrador a Rocha a pesar de una evidencia tan apabullante?

López Obrador llegó al poder con una agenda de “purificar la vida pública del país”. Con el buen olfato político que lo caracterizaba, el tabasqueño entendió el enojo ciudadano que había durante el sexenio de Peña por la corrupción. Había que limpiar moral y políticamente al Estado.

“Estamos impulsando una revolución de las conciencias –decía López Obrador–. No sólo es un cambio de gobierno, es un cambio de mentalidad, un cambio moral. La purificación de la vida pública tiene que ver con que todos actuemos con honestidad”.

Efectivamente, el proyecto lopezobradorista tenía un aire de superioridad moral. A los que no estaban de acuerdo con él los consideraba inferiores en sus valores.

Y sí, el presidente logró algunos avances en el ejercicio del servicio público. Hubo menos ostentación y privilegios visibles en la alta burocracia, por ejemplo.

Sin embargo, no hubo cambios en la corrupción que cotidianamente sufre la ciudadanía. Peor aún, comenzaron a aparecer casos de corrupción mayor en algunas cúpulas gubernamentales, incluyendo historias que involucraban a la parentela presidencial.

Me llama la atención que gente que apoya a la 4T utilice el argumento de que ciertas situaciones de corrupción gubernamental, como vínculos de gobernantes con criminales, existían antes que llegara Morena al poder. Pues claro que existían, pero fueron ellos los que prometieron, y no se cansaron de repetirlo, que serían diferentes.

Entonces, ¿dónde quedó la purificación de la vida pública? En Sinaloa, no.

Al revés. En ese estado hubo un deterioro moral desde el día uno en que eligieron que su candidato en la boleta fuera Rocha. Un gobernador que se alió con los criminales para ganar la elección y luego poner las instituciones estatales al servicio del Cártel de Sinaloa.

Ya lo había dicho cuando se destapó el escándalo de Adán Augusto López Hernández y La Barredora en Tabasco: se les acabó ese insoportable aire de superioridad moral que presumían.

Cada vez se hunden más en el pantano de la inmoralidad.

López Obrador ganó un capital político enorme con su promesa de purificar la vida pública del país. Sigo pensando que a él no lo movía el dinero, como sí fue el caso de Peña. Que, efectivamente, quería pasar a la historia como un buen presidente que trabajó a favor de los más pobres del país y se propuso abatir la corrupción. Si ese efectivamente era su objetivo, no entiendo por qué escogió a un tipo como Rocha para gobernar un estado y por qué lo apoyó incondicionalmente cuando ya había suficiente evidencia de sus vínculos con el crimen organizado.

Así, el sexenio pasado acabamos con más podredumbre que purificación.

Encima tienen que venir los estadunidenses a restregarnos nuestras miserias en la cara. ¿Acaso no se imaginó López Obrador que esto podría suceder?

¿Por qué traicionó su promesa de purificar la vida pública del país?