Soy de la generación que me tocó vivir la transición a la democracia en México. Atestiguamos cómo pasamos de tener elecciones amañadas, donde el mismo partido siempre ganaba, a unos comicios limpios que permitieron la alternancia en el poder. Todo ello gracias a la construcción de una gran institución pública: el Instituto Nacional Electoral (INE).
Para mi generación, el INE era motivo de orgullo. Una muestra de que sí se podía cambiar cuando había voluntad política de invertir los recursos humanos, financieros y materiales necesarios para construir una institución encargada de organizar las elecciones y contar los votos.
Durante años consideré al INE como una de las pocas joyas de la corona en materia institucional del Estado mexicano. Hasta que llegó Morena al poder…
Ahí comenzó el derrumbe del INE.
Como sabemos, a López Obrador y a Claudia Sheinbaum les desagradan las instituciones autónomas del Estado. La 4T despareció el Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (Inai), la Comisión Federal de Competencia Económica (Cofece), el Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT), el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), la Comisión Reguladora de Energía (CRE), la Comisión Nacional de Hidrocarburos (CNH) y la Comisión Nacional para la Mejora Continua de la Educación (Mejoredu).
También le quitaron su independencia al Poder Judicial de la Federación, incluyendo la Suprema Corte de Justicia de la Nación.
Con cuadros morenistas colonizaron a la Comisión Nacional de los Derechos Humanos y el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF), de tal suerte que estos organismos se convirtieron en un brazo armado del gobierno cuatroteista.
Lo mismo hicieron con el INE. Poco a poco fueron insertando consejeros afines a Morena, al punto que la otrora joya de corona se alineó con los intereses del partido gobernante. Un bloque mayoritario de seis de los once integrantes del Consejo General, liderado por la consejera presidenta, Guadalupe Taddei, votaban al unísono para inclinar la cancha a favor de Morena.
Lo vimos en el caso de las llamadas “boletas planchadas”, papeletas encontradas sin marcas de doblez. Aunque los lineamientos originales del INE establecían que no debían contabilizarse, por la sospecha de que pudieran haberse introducido irregularmente en las urnas, el Consejo General aprobó su contabilización en septiembre de este año.
Se trataba de un retroceso para la limpieza electoral, ya que dichas boletas no pueden meterse a una urna si no están dobladas. A favor votaron Taddei y el bloque morenista (De la Cruz, Montaño, Chávez, Gómez y Cruz) más Espadas. Era tan ridícula esta determinación que abría un espacio para fraudes electorales, que, hasta el TEPJF, controlado también por Morena, revocó esa decisión por unanimidad.
Ahora nos enteramos de que no sólo capturaron al INE, sino que la consejera presidente que pusieron ahí se corrompió. Un escándalo que le pega a la imagen de una de las instituciones públicas más apreciadas por la ciudadanía, según las encuestas.
Investigaciones periodísticas revelaron que empresas proveedoras de materiales electorales, vinculadas con José Alfredo y Raymundo Hernández Casillas, habrían simulado competencia en licitaciones del INE y triangulado recursos mediante empresas presuntamente factureras. José Alfredo mantiene, según los reportajes, una relación cercana con Taddei y su familia, mientras que un par de sus choferes habrían tenido vínculos laborales con compañías beneficiadas por contratos del instituto.
La cereza del pastel fue un video que muestra a uno de los hijos de Taddei en una lujosa suite del hotel Le Meurice de París, acompañado de José Alfredo Hernández, donde le dice “París a tus pies, chamaquito”, mientras ambos brindan con champaña en una habitación cuyo costo alcanza los 200 mil pesos por noche.
La 4T que criticó tanto al consejero presidente anterior, Lorenzo Córdova, por no quererse bajar su sueldo a nivel del presidente de la República, lo sustituyó por alguien que sí accedió a reducir su salario, pero resultó una corrupta que le daba multimillonarios contratos por asignación directa a un par de empresarios cercanos a ella.
Huelga decir que las prácticas de Taddei nos costaron más a los contribuyentes que el amparo de Córdova para seguir recibiendo los emolumentos que le correspondían por ley.
Taddei ya renunció a su cargo. Era lo menos que podía hacer. Vamos a ver quién la sustituye. Sospecho que será alguien cercano a Morena. Mientras tanto, el daño para el INE está hecho. Es una pena ver cómo los morenistas también se chutaron esa joya de la corona del Estado mexicano. Una tristeza.
X: @leozuckermann
