Individualismo y falta de liderazgo

Es un pésimo momento para que Carstens deje el Banco de México. Sabemos de todas las amenazas que enfrenta México desde Estados Unidos. Súmese a eso la debilidad en las finanzas públicas nacionales y lo que tenemos es un coctel potencialmente muy explosivo.

Leo Zuckermann

Leo Zuckermann

Juegos de poder

La renuncia de Agustín Carstens como gobernador del Banco de México es una mala noticia en un momento de amenaza e incertidumbre para nuestro país. Muestra, por un lado, el innoble individualismo de uno de los mejores funcionarios mexicanos y, por el otro, la falta de liderazgo del presidente Peña para convocar a los hombres y mujeres más capacitados del país a servir desde el gobierno en un periodo crítico como el que se vislumbra.

Comienzo con el individualismo del todavía gobernador de Banxico. Carstens es hijo de una de las mejores instituciones públicas del país: el banco central. Ahí comenzó su carrera en los años ochenta. Fue subiendo por el escalafón. En los noventa ya tenía el importante cargo de tesorero. A finales de esa década se fue a trabajar al Fondo Monetario Internacional. Francisco Gil Díaz lo trajo de regreso a México como subsecretario de Hacienda en el gobierno de Fox. En 2003 regresó al FMI como subdirector gerente. Retornó, de nuevo, en 2006 cuando el presidente Calderón lo nombró secretario de Hacienda, puesto que desempeñó hasta 2009 en que se convirtió en gobernador del Banco de México. El presidente Peña lo ratificó en 2015, con el aval del Senado, para un segundo periodo al frente de esta institución.

El jueves renunció a este puesto a partir del primero de julio del 2017. Se irá a dirigir el Banco de Pagos Internacionales (BIS, por sus siglas en inglés) como gerente general. Carstens está, desde luego, en su derecho de decidir qué es lo mejor para su carrera profesional. Al parecer siempre ha anhelado estar al frente de una institución financiera internacional, Llama la atención, sin embargo, que sea en el BIS, que no es muy importante que digamos. Pero lo más sorprendente es el timing de la decisión de Carstens: justo cuando México necesita a un

banquero central con la credibilidad de él.

Es un pésimo momento para dejar el Banco de México. Sabemos de todas las amenazas que enfrenta México desde Estados Unidos. Súmese a eso la debilidad en las finanzas públicas nacionales y lo que tenemos es un coctel potencialmente muy explosivo. Son tiempos de gran incertidumbre y una de las pocas cosas que tranquilizaban a los actores económicos era la presencia de alguien como Carstens al frente del banco central. Su renuncia le echa más gasolina al fuego de la incertidumbre económica. En este sentido, resulta pésimo el timing de su retiro.

Estos son los momentos que el país requiere a funcionarios de las capacidades de Carstens. Él lo sabe y por eso sorprende una decisión tan individualista como la que ha tomado. Es su derecho, pero se ve mal por lo poco solidario con su país. Hay algo profundamente innoble, indigno, en abandonar el barco cuando está tan amenazado.

Lo cual me lleva al segundo punto: otra vez estamos atestiguando la falta de liderazgo del presidente Peña en estos tiempos críticos. Es increíble que el mandatario no haya convencido a Carstens de quedarse. De hecho, lo que México necesita son más Carstens en el gobierno. En este último tercio del sexenio, que se antoja tan desafiante, el Presidente debería llamar a los mejores hombres y mujeres del país a gobernar con él. Afortunadamente, hay muchos mexicanos capacitados para ayudarle al país desde el gobierno. Esos son a los que debería convocar el Presidente para liderar las carteras de mayor peso político.

Pero no va a suceder porque Peña no premia el mérito sino la amistad y lealtad. Prefiere tener de secretario de Desarrollo Social a su amigo, que no sabe absolutamente nada de cómo combatir la pobreza, que hace el ridículo al comparecer frente al Congreso, que a un experto en el tema. Mantiene a una eficaz secretaria de Turismo como titular de Relaciones Exteriores que a un conocedor de la política bilateral con Estados Unidos.

Y, ahora, en lugar de convencer a Carstens de quedarse, le ha aceptado la renuncia. En fin, que por el individualismo de éste y la falta de liderazgo de Peña nos hemos quedado sin Carstens. Lo ideal es que se hubiera quedado. Ahora el Presidente tiene que nominar a un nuevo gobernador de Banxico que nos haga pensar que es cierto aquello de

que “el panteón está lleno de indispensables”.

                Twitter: @leozuckermann

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