Lecciones de diplomacia
México logró desactivar, al menos por un mes, los aranceles, con base en el diálogo y la cooperación.
El fin de semana pasado, el mundo estaba expectante frente a lo que podría convertirse en una guerra comercial en la región de América del Norte, con un efecto devastador para México. Sí, el consuelo de muchos fue repetir hasta la náusea que Estados Unidos también saldría perjudicado, pero lo que a nosotros nos importa es el impacto que hubiera tenido en nuestro país y ése sería terrible, comenzando por las exportaciones (más de 80% va a Estados Unidos), seguido por el tipo de cambio y terminando con el nearshoring.
Todo el episodio estuvo rodeado de la teatralidad e incertidumbre que caracteriza a Donald Trump y muchos esperaban una respuesta impulsiva y patriotera de parte del gobierno de México. Contrario a ello, la presidenta Claudia Sheinbaum pidió calma y tiempo, como una lección de liderazgo y estrategia que merece ser aplaudida. Vaya, que hasta el canciller alemán, Olaf Scholz, elogió la calma e inteligencia de la Presidenta (y los alemanes no son fáciles para los halagos).
Con una capacidad de negociación firme y efectiva, la presidenta Sheinbaum logró defender los intereses del país sin dañar la fundamental relación comercial con
Washington. En lugar de confrontar o exacerbar nacionalismos (como trató infructuosamente Trudeau al ver que no le sirvió ir a besar manos a Mar-a-Lago), logró desactivar por un mes los aranceles con base en el diálogo y la cooperación, asumiendo los problemas reales que existen en nuestro país y buscando soluciones. Una negociación pragmática, pero manteniendo los principios de nuestra política exterior con inteligencia y estrategia. Un alivio temporal que sienta las bases de lo que se podría conseguir durante los próximos cuatro años. Un primer éxito de lo que será una larga batalla.
DE CóMO HACER EL RIDÍCULO, SEGUNDA PARTE
Es una vergüenza que el presidente ecuatoriano, Daniel Noboa, en su afán de ganar algo de relevancia internacional, haya recurrido a la absurda idea de imponer aranceles de 27% a los productos mexicanos. Tristemente, su falta de visión no le permite reconocer que Ecuador representa menos del 0.5% de las importaciones de México, lo que convierte su decisión en algo completamente irrelevante. La respuesta del gobierno mexicano no pudo ser más elocuente: ningún tipo de respuesta oficial, salvo un comentario sarcástico y bien calculado sobre cómo los camarones de Sinaloa son más ricos que los ecuatorianos.
Hay que recordar que ambos países rompieron relaciones diplomáticas tras el asalto a la embajada mexicana en Quito en 2024, otro episodio por el que Ecuador recibió la condena internacional. Con esta torpe maniobra se suma a la lista de mandatarios que buscan ganar protagonismo y terminan haciendo el ridículo, como Gustavo Petro la semana pasada. Frente a tales tropiezos, la Presidenta mexicana podría aconsejarles a estos líderes: “Cabeza fría, señores”.
¡QUÉ ASCO!
¿Cómo se les puede llamar a esos mexicanos de la oposición que, en lugar de defender los intereses de su país, casi celebraban la imposición de aranceles a México? ¿Traidores, ingenuos, miopes o idiotas? Su entusiasmo rayaba en lo absurdo, como si la medida no los fuera a perjudicar a ellos mismos, sus negocios y la estabilidad del país en el que viven. Probablemente tengan la retorcida fantasía de que, si ellos estuvieran en el poder, Donald Trump los invitaría a jugar golf a Mar-a-Lago, situación que nunca pasaría. ¡Nunca!
POST SCRiPTUM
La agenda de políticas de diversidad, equidad e inclusión (por cierto, repudiadas por Trump) han contribuido a que actrices como Karla Sofía Gascón tengan acceso a reconocimientos de gran prestigio. Su nominación al Oscar es un hito en la diversidad y el respeto en la industria cinematográfica. Sin embargo, esas mismas políticas exigen coherencia ideológica y corresponsabilidad, misma que se contradice con los tuits de odio de la actriz. Una vez más, nos enfrentamos al debate de la libertad de expresión frente a la responsabilidad en los discursos públicos y la tolerancia, al ser una figura pública. Netflix ya fue claro en su posicionamiento al excluirla de todo, veamos cómo reacciona la Academia.
