Por más de siete décadas, Europa disfrutó de un privilegio histórico: construir el Estado de bienestar social más generoso del planeta, mientras alguien más contribuía en su reconstrucción postguerra con el Plan Marshall y asumía el costo de su seguridad a través de la OTAN. ¡Quién como ellos!
El orden mundial construido después de 1945 produjo que Estados Unidos financiará la reconstrucción europea mientras desplegaba cientos de miles de soldados en el continente, instalaba bases militares y desarrollaba el paraguas nuclear de la OTAN. Washington destinaba porcentajes inmensos de presupuesto a defensa y las principales capitales europeas concentraron sus recursos en otras prioridades: salud universal, educación gratuita, pensiones generosas, infraestructura y un sistema de protección social como referente mundial. Ni Estados Unidos lo logró, pero sí contribuyó para que el Viejo Continente lo lograra.
¿EL PATROCINIO TERMINÓ?
Parece que este modelo de bienestar social para los europeos llegó al límite. Donald Trump pone en alto la pregunta incómoda: ¿por qué el contribuyente estadunidense debe financiar la seguridad de países mucho más ricos y prósperos que buena parte de los estados de la Unión Americana?, ¿por qué no invertir esos recursos en su propio país y sistema de seguridad social?
El cuestionamiento no es nuevo ni una epifanía propia de Trump. Barack Obama lo insinuó. Joe Biden también exigió más compromiso. La diferencia es que Trump lo dijo por todo lo alto, dejó de susurrar y utilizó sus modales poco diplomáticos asegurando que el patrocinio terminó.
Donald Trump llega a Turquía exigiendo calendarios concretos y porcentajes del PIB comprometidos para cumplir con los compromisos del gasto militar. Mientras tanto, el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, presiona por planes verificables de inversión y agasaja con halagos a Trump (con su conocida propensión por la adulación).
Parece que Europa está entendiendo rápido el mensaje y anuncia inversiones en materia de seguridad que hace unos años hubiesen sido impensables, como un monto anunciado por, al menos, 50 mil millones de dólares. Polonia, Alemania, Francia, Grecia, Reino Unido y los países bálticos comprenden que la dependencia a Estados Unidos debe terminar. Se espera que, hoy, el presidente Trump anuncie un recorte de 25% de los 75 mil efectivos estadunidenses desplegados en Europa.
¿Logrará Europa la autonomía? Porque no sólo es la inversión militar, también es la dependencia en inteligencia, transporte, defensa, capacidad satelital y logística, y eso puede tardar décadas en concretarse.
Ocho décadas tuvo Europa para construir su bienestar social con base en que otro garantizaba su seguridad. Pero parece que Estados Unidos se cansó.
POST SCRIPTUM
Hay una lucha encarnizada por el premio al mayor servilismo frente a Donald Trump, hoy se arrastra y se acerca poderosamente Gianni Infantino a esta posición.
Al tiempo...
