El eterno retorno

• Gobiernos y colores van y vienen, pero lo que persiste es una lucha por destruir lo que el anterior dejó —incluso avances en derechos humanos—.

Kimberly Armengol

Kimberly Armengol

Rompe-cabezas

Aires de cambio recorren América Latina de norte a sur, de la Patagonia al río Bravo. La historia se reescribe poco a poco y el timón vira (otra vez) a la izquierda.

La historia de la opción derecha/izquierda es cíclica en América Latina. Gobiernos rojos o azules van y vienen, pero los problemas de la región continúan siendo los mismos.

Pobreza, desigualdad, crimen organizado y corrupción son el abanico de retos que enfrenta la mayoría de los países de la región. Algunos en mayor o menor medida, pero todos cojeando de algún pie o con un brazo roto. Ningún país de la región se salva y no se acercan a ello.

Las calles de Chile reclaman cambios en el sistema económico y el presidente Sebastián Piñera se tambalea con sólo 14% de aprobación, ocho dimisiones en el gabinete en los últimos días. Las calles de Bolivia reclaman un fraude electoral con la inmortalización de Evo Morales en que otrora fuera una presidencia democrática y ahora parece una monarquía. Y, en Argentina, comienza la transición que huele a resurrección, el kirchnerismo de vuelta a casa.

América Latina no es el único ejemplo de esta eterna discusión entre un lado u otro. Estados Unidos viró a la derecha más recalcitrante, circense y populista en 2016, subiendo al trono de la Casa Blanca a un testarudo, pero exitoso presidente desde 2017. Washington castigó a una administración Obama más cercana a la izquierda, donde se abrió la puerta a libertades y derechos, pero con un desempeño económico bastante mediano, por no decir mediocre.

El fortalecimiento de Vox en España, Marine Le Pen en Francia, Salvini en Italia o Weidel y Gauland en Alemania, nos recuerda que la derecha tiene un lado muy peligroso: el fascista y xenófobo.

La izquierda tampoco es inmaculada, pero sí catalogada de comunista y anarquista, populista y corrupta, personificada por personajes que buscan la inmortalidad en sus tronos.

Gobiernos y colores van y vienen, pero lo que persiste es una lucha por destruir lo que el anterior dejó —incluso avances en derechos humanos—.

La lucha izquierda vs. derecha no sólo es latinoamericana, es el legado de la caída del comunismo, donde los de izquierda se convirtieron en ella y los de derecha en los nuevos nazis.

El insuperable Friedrich Nietzsche explicaría de forma magistral que simplemente es el eterno retorno al que estamos condenados.

POST SCRIPTUM

A un año de las complicadas elecciones que enfrentara Estados Unidos, el panorama político de Donald Trump se complica. El juicio político está cada vez más cerca y sigue destruyendo la política internacional de su país con decisiones que humillan a la comunidad.

¿Será posible que Trump sea de los pocos presidentes con un solo periodo electoral? Esperemos que así sea y que la razón impere en los votantes (que no se dejen seducir por la excelente economía).

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