Los criterios para el elector

La jornada del primero de julio está repleta de expectativas. Mucho del devenir nacional está en vilo, pendiente de los resultados electorales. El que no se tenga mucha fe en las encuestas no significa que carezcan de interés. De no haberlas, estaríamos peor, en una completa oscuridad sobre lo que podría pasar en esta importante coyuntura política.

Es clara la trascendencia de la actuación del electorado de más de 89 millones de empadronados. En las circunstancias políticas y económicas actuales en el mundo, lo que decida hacer un país de 124 millones tiene peso por ser uno de los diez países más importantes en comercio exterior y sexto en dimensión mundial.

Este domingo, el electorado de México escogerá entre un gobierno que prefiere continuar bajo el abrigo de las políticas conocidas en los últimos 18 años o, por el contrario, ensayar caminos que se dicen diferentes. 

La inclinación ideológica del próximo gobierno es asunto de interés no sólo para nosotros, sino también para la comunidad internacional. Del resultado electoral dependerá si ha de mantenerse la apertura completa globalizadora, o al contrario, nos iremos por la opción proteccionista. Se podrá dar voz a los que proclaman las virtudes independentistas en asuntos de desarrollo socioeconómico y a la función promotora de nuestro banco central.

Habrá que conocer hasta qué grado continuará México su política de atracción indiscriminada de inversiones extranjeras, que facilitará las de una impetuosa China que está ampliando su presencia en América Latina. Las renegociaciones del TLCAN, la participación en el TPP-11, el fortalecimiento de la Alianza del Pacífico y la supervivencia de mecanismos para la solución de controversias, incluso fuera de la Organización Mundial de Comercio.

Más prioritario que todo lo anterior será que el nuevo Presidente de la República sepa articular los poderes fácticos, el empresarial, el político y el laboral para reemprender la inaplazable lucha contra la pobreza y remediar la peligrosa brecha entre ricos y pobres que cada día más se ensancha. De ello depende que México tenga fuerza y argumentos para darse a respetar y obtener de la comunidad internacional el reconocimiento que se necesita para combatir a las mafias internacionales y proseguir en la defensa del medio ambiente.

Ante la trascendencia del voto de mañana, hay que admitir que el criterio que más guía al elector frente a la urna es su experiencia estrictamente personal y familiar. Los mediocres debates y discusiones y la publicidad ramplona de las campañas no ofrecieron al elector nada que elevara la contienda en calidad por encima de recíprocas denuncias, acusaciones y noticias falsas entre candidatos. El elector votará de acuerdo con su entorno inmediato.

La evaluación que hagamos el lunes 2 de julio de los resultados que arrojen las computadoras del INE identificará el carácter de los sectores de la población que más influyeron en el resultado final. La frecuencia de los votos cruzados señalará la pérdida de fuerza de los partidos políticos en momentos en que más se necesita. Las coaliciones que se formaron en esta ocasión podrán haber propiciado gobiernos de composición mixta, pero al mismo tiempo contribuyeron a la confusión en que se encontraba el electorado.

Ha surgido la sociedad civil como respuesta en la forma de redes de comunicación personal de todo tipo. Siempre informe, y generalmente desorganizada y a veces mal informada o presa de rumores distorsionados, esa forma de acción cívica no tiene más posibilidad que servir de telón de fondo para la acción política clara y efectiva que se transforma luego en representantes parlamentarios.

La multiplicación de partidos y agrupaciones en que caímos demostró que, más que nunca, México necesita con urgencia la fórmula de la segunda vuelta, como se ha demostrado en muchas de las últimas elecciones de varios países.

Los resultados de las elecciones de mañana serán el mejor indicador de las reformas que faltan por introducir en nuestro sistema democrático y, más aún, en nuestra auténtica voluntad de cambio.

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