La única manera de cambiar el mundo
Es niña. Esas fueron las palabras que pronunciaron esos brazos largos que me entregaban a mi madre cuando nací. Nadie dijo: ha nacido una mujer que pintará una escalera en la pared y desde ahí verá el mundo como es: tridimensional, una mujer que tendrá capacidad de ...
Es niña. Esas fueron las palabras que pronunciaron esos brazos largos que me entregaban a mi madre cuando nací. Nadie dijo: ha nacido una mujer que pintará una escalera en la pared y desde ahí verá el mundo como es: tridimensional, una mujer que tendrá capacidad de dar vida y cambiar el mundo, su mundo...
Hay ocasiones en las que el dicho “echando a perder se aprende” es real, pero existen casos donde nuestra prioridad es la contraria, enseñarlos y hacer un brutal esfuerzo por no echarlos a perder. Nuestros hijos son el mayor regalo que nos da la vida; sin embargo, nunca estamos preparados para ese grado de responsabilidad. En el camino, y con el afán de educarlos, cometemos errores. No se nace siendo padre. Dicen que las personas hacen lo que pueden, pero en una misión tan relevante, como la de guiar a la inocencia hacia la mejor versión de sí mismo en su madurez, ser conscientes nos da el poder de profundizar en eso que creemos hacemos bien.
Tener conciencia significa que observamos y conocemos nuestras emociones, que tenemos claros esos valores que acomodamos según nuestras prioridades. Muchos transitamos por las calles dejando que nos guíe el subconsciente, y en muchas ocasiones educamos desde ahí; algunos comunes desaciertos tienen que ver con la falta de autoestima y claridad, es por eso que no es algo raro toparnos por ahí a seres que, en vez de ser un guía, eligen ser amigos de sus hijos, que piensan que basta con proveer las necesidades básicas, que confunden dar amor con cumplir caprichos. Compensan la falta de tiempo de calidad con cosas materiales, creándoles necesidades absurdas. Muchos padres se sienten orgullosos de darle en bandeja de oro la llave que abre la puerta falsa.
En aras de su supuesta libertad dejan que esos seres que aún se debaten entre ser adulto y ser niño hagan lo que quieran. Este descuido pone en riesgo su integridad física y emocional. La libertad, además de ser nuestro derecho, es algo por lo que se lucha y de esa manera se conquista tanto interna como externamente.
Muchos adultos carecen de límites, lo que los convierte no sólo en pésimo ejemplo, sino que hacen sentir indefensos a sus cachorros, pues quedan expuestos a una permisiva y amenazante existencia. Eternos adolescentes que persiguen el placer inmediato, que tergiversan sus valores colocando lo trascendente detrás del dinero. Seres humanos con más de 40 años, pero sin ningún trabajo de introspección, personajes con un vacío espiritual. Esto es un peligro para la humanidad, pues la posibilidad de plenitud de esta especie tan fantástica se va borrando para muchos, pues estos pequeños diseñados a imitar muchas veces cuentan con “modelos” mediocres a seguir.
¿Hacia dónde nos dirigimos si le enviamos a nuestros hijos estos mensajes? Urge quitarnos esos lentes que de niños nos pusieron y volver a ver la vida como es, entender nuevamente que es el amor el gran trofeo. La única manera de cambiar el mundo es cambiando nosotros. Es urgente, pues las siguientes generaciones dependen de nuestro hoy. Es todo un proceso el de crecer, y seguramente habremos de enfrentarnos con dolores añejos y miedos, pero hoy estoy dispuesta a intentarlo, a poner toda mi pasión, mi inteligencia y espíritu en cambiar mis propios universos. Los hijos aprenden del ejemplo, y si nos transformamos desde ese lugar, cada uno de nosotros podrá cambiar su mundo.
