La salud también es cosa de hombres

Juana Ramírez

Juana Ramírez

El Arco de Juana

Octubre se pinta de rosa para recordarnos la importancia de detectar oportunamente el cáncer de mama. Este año, uno de los mensajes más acertados ha sido recordar que los hombres también pueden padecerlo. Aunque representan menos de 1% de los casos, su diagnóstico suele llegar más tarde. Según la American Cancer Society, 49% de los hombres presenta enfermedad con extensión regional o metastásica al momento del diagnóstico, frente a 31% de las mujeres. No necesariamente porque sus tumores sean biológicamente más agresivos, sino porque todavía existen barreras de información, prevención y reconocimiento de síntomas. Y aquí comienza una conversación que trasciende el cáncer de mama: ¿cuántas enfermedades masculinas seguimos diagnosticando tarde porque hemos enseñado a los hombres a resistir, pero no suficientemente a cuidarse? Los hombres necesitan mayor educación y sensibilidad sobre su propia salud y las mujeres necesitamos participar en esa conversación porque, con frecuencia, somos quienes impulsamos, organizamos y acompañamos su atención médica.

Durante generaciones construimos una idea de masculinidad asociada con la fortaleza, la resistencia y la capacidad de soportarlo todo. Muchos hombres aprendieron que quejarse es debilidad, acudir al médico es exagerado y que mientras puedan trabajar y cumplir sus responsabilidades, están saludables.

El problema es que las enfermedades no respetan esos códigos culturales. La OMS ha advertido que ciertas normas tradicionales de masculinidad pueden dificultar la búsqueda de atención. En 2022, el Instituto Nacional de Cancerología señaló que siete de cada diez pacientes con cáncer de próstata que llegaban a esa institución lo hacían en etapas avanzadas. No es una cifra nacional, pero sí una señal de alerta. Hablemos también de hipertensión, diabetes, enfermedades cardiovasculares, salud mental y adicciones. Una investigación de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos encontró que 76.3% de los hombres casados de 18 a 64 años había visitado a un médico durante el año anterior, frente a 65.1% de hombres sin pareja. Los casados también reportaron mayor utilización de controles preventivos de presión arterial, colesterol y diabetes. No quiero decir con esto que el matrimonio sea una medicina ni que esas cifras demuestran que una esposa sea la causa de mejores conductas de autocuidado. Pero sí sugieren que los vínculos personales importan en las decisiones sobre salud.

En un estudio sobre cáncer de próstata, 87% de las parejas participantes acompañaba al paciente a sus consultas y 81% intervenía en las decisiones de tratamiento. Y otra investigación encontró que los hombres tenían 2.7 veces más probabilidades que las mujeres de reconocer la influencia de alguien del sexo opuesto al decidir buscar atención médica.

Muchos hombres que llegan a consulta acompañados de una mujer que insistió en que acudieran: la esposa que agenda una cita, la hija que encuentra al especialista, la madre que identifica un síntoma, la pareja que pregunta por los resultados o recuerda y administra los medicamentos. Por eso, si queremos mejorar la prevención masculina, no basta con dirigir campañas exclusivamente a los hombres. Debemos hablar también con las mujeres que forman parte de sus redes de apoyo.

Pero, ¡cuidado!: reconocer esa influencia no significa asignarnos otra obligación. Las mujeres ya cargamos con una proporción desmedida del trabajo de cuidados. No necesitamos convertirnos en administradoras permanentes de la salud de nuestras parejas, padres, hermanos o hijos adultos. La meta no es que las mujeres cuidemos más a los hombres, sino que los hombres aprendan a cuidarse mejor.

Eso exige educar desde la infancia, normalizar las consultas preventivas, hablar abiertamente de salud emocional y construir servicios médicos que escuchen las necesidades masculinas. Un hombre que consulta oportunamente no es menos fuerte: protege su autonomía, sus proyectos y sus afectos. Este octubre rosa celebremos que el cáncer de mama masculino tenga visibilidad. Aprovechemos esa puerta para impulsar una cultura de prevención mucho más amplia. Cuidar la salud no debería ser una cuestión de género, sino de responsabilidad, conocimiento y amor por la vida.