La salud también se administra

Juana Ramírez

Juana Ramírez

El Arco de Juana

Progresivamente hemos ido entendiendo la salud como el resultado de una buena alimentación, ejercicio, vacunas, chequeos médicos, acceso a tratamientos, el sueño y las relaciones sociales. Sin embargo, seguimos ignorando un componente que condiciona a todos los demás: la salud financiera. Sí, no sólo cuentan sus niveles de glucosa, también sus ahorros y seguros. No es casualidad que el reciente libro Finanzas para la vida adulta, de Sofía Macías, ponga el dinero también en el terreno de las decisiones vitales. La autora parte de una experiencia profundamente humana: acompañar la enfermedad de su padre le hizo comprender que una buena administración financiera no sirve solamente para comprar una casa, pagar la escuela o planear un viaje, sino para enfrentar los momentos más difíciles de la vida sin que el dolor se convierta también en una catástrofe económica.

Los médicos suelen hablar de factores de riesgo. Los economistas hablan de solvencia o vulnerabilidad financiera. En realidad, ambos describen el mismo fenómeno: la capacidad o incapacidad de resistir un evento inesperado. Las cifras son contundentes. Diversas revisiones clínicas han encontrado una asociación consistente entre el sobreendeudamiento y mayores niveles de ansiedad, depresión, adicciones, trastornos del sueño e incluso ideación suicida. La preocupación permanente por pagar deudas mantiene activados los mecanismos biológicos del estrés, elevando los niveles de cortisol, afectando la concentración y deteriorando la toma de decisiones. Paradójicamente, mientras más preocupada está una persona por su situación financiera, más difícil le resulta tomar decisiones financieras racionales y es más probable que deba enfrentar, además, problemas de salud.

Una enfermedad grave puede destruir años de estabilidad económica. La OCDE y el Banco Mundial han insistido en que la protección financiera frente a eventos de salud constituye uno de los pilares de cualquier sistema sanitario moderno. Nadie debería empobrecerse por enfermar. Sin embargo, millones de familias en el mundo siguen financiando tratamientos mediante ahorros, préstamos o venta de patrimonio cuando enfrentan un cáncer, un accidente cerebrovascular o un traumatismo severo. En México conocemos bien esa realidad. Aunque el sistema público cubre a millones de personas, persisten gastos de bolsillo que rondan 50 por ciento del total de los gastos de las familias en medicamentos, diagnósticos, rehabilitación y cuidados de largo plazo. 

Tener acceso a un seguro de gastos médicos mayores, conocer exactamente qué cubre y qué excluye, así como disponer de un fondo para emergencias, no es un lujo reservado para quienes tienen altos ingresos: es una herramienta de prevención tan importante como medirse la presión arterial o hacerse una mastografía, pero en México la penetración de los seguros de salud tan sólo alcanza a uno de cada diez mexicanos, cuando se estima que al menos 30 por ciento de la población tendría capacidad para adquirirlo.

En medicina repetimos que el mejor tratamiento es el que evita que la enfermedad ocurra. En finanzas sucede exactamente lo mismo: la prevención cuesta menos que la improvisación. Ejemplos hay muchos: invertir en ganar músculo, garantizará ganancias en longevidad saludable. Invertir en check ups que permiten diagnósticos tempranos, representa claros ahorros en futuros tratamientos.

Preguntarnos qué tan preparados estamos para el día en que las cosas no salgan como esperamos es entender que la verdadera tranquilidad no consiste en creer que nunca enfermaremos, sino en saber que, si ocurre, nuestra familia no tendrá que elegir entre cuidar nuestra salud o salvar su patrimonio. Y si no saben por dónde empezar a tener una mejor salud financiera, les recomiendo que lean el libro de Sofía.

Cuidar el cuerpo, cuidar la mente y cuidar las finanzas no son tres conversaciones distintas. Son, en realidad, tres maneras de hablar exactamente de lo mismo: construir una vida con mayor bienestar, mayor libertad y menos miedo.