El arte de cuidar

Juana Ramírez

Juana Ramírez

El Arco de Juana

El viernes pasado tuve oportunidad de recorrer GALENOS: Medicina y Arte, una exposición fotográfica que rinde homenaje a los médicos mexicanos, inaugurada en el marco del 30º Aniversario de las Escuelas de Medicina y Enfermería de la Universidad Panamericana. 

Mientras observaba las imágenes pensaba que mucho antes de que existieran los algoritmos, la secuenciación genética, la resonancia magnética o la cirugía robótica, la medicina ya era ciencia, pero también era arte.

GALENOS es una iniciativa de Laboratorios Sanfer que reúne fotografías de Nicole Holmes en la que retrata distintos momentos de la práctica médica: el encuentro con el paciente, el diagnóstico, la precisión de una intervención quirúrgica, la incertidumbre y la compasión. 

La relación entre arte y medicina es más que una metáfora: la OMS ha documentado en una revisión de más de tres mil estudios que las artes contribuyen a la prevención de enfermedades, la promoción de la salud y el tratamiento de múltiples condiciones a lo largo de la vida. El arte no sólo acompaña la salud: también la influye.

En Ophthalmology, estudiantes de medicina que entrenaron observación de obras de arte durante tres meses mejoraron su capacidad clínica de forma significativa (+19.1 puntos vs. -13.5 en el grupo control). Aprendieron a mirar mejor, y por lo tanto, a diagnosticar mejor.

Programas como Training the Eye mostraron que integrar arte y examen físico eleva la precisión de observación médica de 0.36 a 5.41 hallazgos correctos en promedio. Ver arte, literalmente, entrena la mirada clínica.

No es casualidad. Un médico observa antes de diagnosticar: interpreta matices, silencios, gestos, olores y patrones. En ese sentido, la medicina se parece más a la música, la pintura o la fotografía. 

Muchos médicos han sido también artistas. Por citar sólo algunos casos, William Carlos Williams, pediatra y poeta, escribía entre consultas. Antón Chéjov, médico ruso, convirtió su experiencia clínica en literatura. John Keats, formado en medicina, nunca dejó de mirar el cuerpo con sensibilidad quirúrgica. Incluso Sigmund Freud, neurólogo, construyó su obra con una narrativa cercana a lo literario.

Más recientemente, el oncólogo Siddhartha Mukherjee, en su magistral obra El emperador de todos los males —ganadora del prestigioso Premio Pulitzer— convierte la historia del cáncer en una biografía íntima, con una maravillosa capacidad narrativa que conecta el rigor clínico con la literatura, transformando los datos duros en una luz de conciencia y esperanza para toda la sociedad.

La palabra cirujano proviene del griego cheirourgos, que significa literalmente “el que trabaja con las manos”. Y quizá ahí está una de las imágenes más potentes de la medicina: el cirujano como artista en el quirófano, trabajando sobre el cuerpo del paciente como en un lienzo vivo, donde cada movimiento exige precisión, sensibilidad y respeto absoluto por la vida que tiene delante.

Por eso la medicina no es sólo técnica, sino una disciplina de percepción. El médico aprende a leer cuerpos, pero también historias; a escuchar e interpretar silencios, a sostener la incertidumbre sin perder humanidad. La medicina puede ser cada vez más precisa, sí, pero nunca dejará de ser profundamente humana.

Felicito a las Escuelas de Medicina y Enfermería de la Universidad Panamericana por sus primeros 30 años y, en particular, a su Facultad de Medicina que durante 18 años consecutivos ha demostrado su excelencia académica, manteniendo el primer lugar nacional en el examen del ENARM. 

Felicidades también a Laboratorios Sanfer por elegir el arte para celebrar sus 85 años y por recordarnos que la medicina se honra mirando a quienes la ejercen. GALENOS nos devuelve una imagen esencial: detrás de cada bata hay sensibilidad, intuición, rigor y una forma particular de belleza.

Porque curar requiere ciencia y cuidar, como el arte, requiere alma.