La anterior afirmación, me parece, confirma cada día más que el mercado premia y castiga el comportamiento de las empresas, no sólo de las que cotizan en el mercado de valores, sino también de aquellas que pueden resentir el rechazo de los consumidores por el simple hecho de que éstos dejen de adquirir sus productos o contratar sus servicios. Lo anterior sirve como antesala de lo sucedido a una empresa dedicada a la reventa internacional de boletos, con sede en Estados Unidos (EU), país donde su actividad es perfectamente legal. Su nombre es StubHub.
Esta compañía comenzó a cotizar en la Bolsa de Nueva York en septiembre de 2025, con un precio inicial por acción de 23.50 dólares. La empresa colocó cerca de 34 millones de títulos, es decir, su oferta pública inicial tuvo una respuesta muy positiva en el mercado. Como se ha dicho, es una compañía dedicada a la reventa de boletos para distintos eventos a escala global. Todo marchaba correctamente hasta que llegó el pasado Mundial de Futbol, cuando sucedió algo que, considero, no estaba contemplado en sus proyecciones de negocio: fallaron de manera importante en la entrega de entradas a sus clientes. Dentro de su esquema comercial, la empresa contempla una figura denominada Garantía de Protección al Comprador (FanProtect Guarantee, en inglés), mediante la cual se comprometía a proporcionar boletos sustitutos o reembolsar el dinero pagado por sus clientes. Y, como lo mencioné, este compromiso fue incumplido.
Distintos medios de comunicación, tanto en nuestro país como en EU, han documentado las inconformidades de numerosas personas que oportunamente adquirieron sus entradas para los partidos del Mundial y que, en muchos casos, recibieron el aviso pocas horas antes del encuentro, de que no tendrían sus boletos y les serían reintegrados los importes correspondientes. Sin embargo, la situación escaló y no quedó únicamente en quejas publicadas en periódicos o redes sociales; las demandas comenzaron a aparecer en el escenario. Un grupo de aficionados presentó, el pasado primero de julio, una demanda colectiva ante un tribunal federal de Manhattan, con una sencilla acusación: StubHub no entregó las entradas previamente pagadas. Aunado a ello, el 3 de julio, el fiscal general de Texas, Ken Paxton, inició una investigación relacionada con los reportes de ciudadanas y ciudadanos texanos que no recibieron los boletos adquiridos debidamente.
Por lo tanto, cabe preguntarse: ¿de quién es la responsabilidad por el incumplimiento de StubHub en la entrega de accesos para los partidos del Mundial? Por supuesto, no tardaron en cruzarse acusaciones entre la propia empresa y la Federación Internacional de Futbol Asociación (FIFA), ya que la primera sostiene que los problemas fueron provocados por la infraestructura digital utilizada por la FIFA, mientras que la federación siempre advirtió que la adquisición de boletos fuera de su sitio oficial podría representar riesgos de invalidez, fraude o cancelación.
Sobra decir que ahí no ha parado la avalancha de reacciones en contra de la empresa; es aquí donde el mercado aparece y castiga el buen o mal proceder de las organizaciones, sus directivos o accionistas. El pasado 6 de octubre, las acciones de StubHub cerraron en 5.73 dólares, una caída extraordinaria que representa una pérdida aproximada de 75.6% respecto de los 23.50 dólares de su oferta pública inicial. De hecho, en septiembre llegaron a cotizar hasta en 5.28 dólares.
Lo que resulta muy interesante analizar es que, durante el segundo trimestre de 2026, precisamente cuando se desarrollaba el Mundial, la empresa registró una actividad financiera extraordinaria: ventas brutas por 3,100 millones de dólares; ingresos por 573.1 millones de dólares y un EBITDA de 105.7 millones de dólares. Las tres cifras reflejan crecimientos de 34%, 33% y 94%, respectivamente, en comparación con el año anterior. Claro está, también se reportó un aumento importante en costos y gastos, que alcanzaron los 553.6 millones de dólares, un incremento de 37% respecto del año previo.
Este conjunto de circunstancias llevó a la empresa a enfrentar resultados negativos, con lo que podemos observar e identificar que, efectivamente, como consumidores tenemos el gran poder de otorgar mayor valor a las compañías o reprenderlas por un mal comportamiento, procurando que ello se traduzca en un beneficio para la sociedad. Para cerrar esta entrega de nuestra Área común, un pensamiento de John F. Kennedy: “Las grandes crisis producen grandes hombres y hazañas heroicas de valor”.
