El título de esta columna se debe al encabezado de una fotonota publicada el 9 de abril pasado, que describía cómo buzos del Ejército mexicano rescataron a uno de los cuatro mineros que quedaron atrapados en una mina de oro en el estado de Sinaloa. La noticia me estremeció y me llevó a reflexionar sobre las grandes acciones y apoyos que recibe la población de dos de las instituciones más ejemplares, y mejor percibidas entre la gente, del Estado mexicano: el Ejército y la Marina de nuestro país. El rescate de Francisco Zapata Nájera, el minero que llevaba atrapado 14 días en la mina, fue realizado después de 22 horas desde que fue localizado, tiempo en el que se le suministraron alimentos y oxígeno para preparar las condiciones y poder sacarlo. Sin duda, una muestra más de la vocación humanitaria que se refleja en sus múltiples participaciones, las cuales generalmente se realizan en condiciones adversas para preservar vidas, restablecer comunidades y responder con prontitud ante crisis, normalmente provocadas por fenómenos naturales.
Pero, como se ha dicho siempre, estas son acciones que forman parte de un número muy relevante de momentos en los que han participado tanto el Ejército como la Marina. Recurriendo a notas periodísticas recientes, me percaté de la participación constante y no tan difundida de sus acciones. Por ejemplo, el Ejército, ante la contingencia que causó el huracán Erick en 2025, movilizó a más de 30 mil elementos en el sur del país para llevar a cabo evacuaciones preventivas de la población, rescates en zonas inundadas y distribución de víveres. Mientras que, en ese mismo año, pero en Tabasco, la Marina tuvo una intervención relevante durante las severas inundaciones ocurridas en el estado.
Vale la pena remontarse en la historia y recordar aquellos momentos aciagos del terremoto de 1985, situación en la cual la Secretaría de la Defensa Nacional implementó el entonces incipiente Plan DN-III-E para realizar labores de rescate. Aquel modelo de atención dio como resultado lo que hoy conforma uno de los pilares estructurales de la cultura de la protección civil en nuestro país. Otro momento histórico, por la respuesta clave que tuvo la Marina, fue durante el huracán Paulina, en octubre de 1997; la devastación obligó a desplegar operativos para rescatar comunidades que habían quedado incomunicadas, se utilizaron embarcaciones y se crearon puentes de ayuda humanitaria para comunidades costeras. Los elementos navales demostraron un alto grado de eficiencia y solidaridad ante las circunstancias de ese momento.
Ya en época reciente, el sismo de septiembre de 2017 puso nuevamente a prueba a ambas instituciones, demostrando lo aprendido en todos estos años. Tanto soldados como marinos participaron en Morelos, Puebla y la propia Ciudad de México. La imagen que recorrió el país fue la de los elementos retirando escombros y trabajando de manera conjunta y solidaria en beneficio de la población afectada. Han existido otros momentos en los que tanto la Secretaría de Marina como la de la Defensa Nacional han sido determinantes en la ayuda a la población civil; sólo por mencionar algunos de la época reciente, la intervención que tuvieron en la explosión de Tlahuelilpan, en el estado de Hidalgo, tras la tragedia derivada de una toma clandestina, donde fueron sus integrantes quienes lograron la estabilización inicial de la zona. Vale la pena también recordar el papel que tuvieron ambas secretarías en el montaje y operación de hospitales covid durante la pandemia que nos impactó mundialmente, así como en la operación de la campaña de vacunación a nivel nacional; reconvirtieron hospitales y transportaron insumos médicos a lo largo del país.
Como se puede observar, ambas instituciones, más allá de su función rectora en materia de seguridad, han demostrado ser fundamentales en la protección civil de la nación. Han evidenciado, a lo largo de la historia, una gran capacidad logística, disciplina a toda prueba y despliegue territorial que les permite responder con eficiencia y rapidez ante emergencias nacionales, por lo que se han consolidado como una de las estructuras más sólidas en materia de crisis humanitarias y desastres en México. Estas secretarías han trascendido su función militar para convertirse en un baluarte de alto reconocimiento por parte de la población mexicana.
