Tomar distancia, levantar la mira

La verdad requiere ser buscada, pero también precisa que se la espere, que se vaya por delante de ella, pero nunca más allá de ella. 

Enciclopedia Francesa (1751)

Cada vez me es más difícil sostener una conversación serena. Sucede en todas partes, pero aquí en Tabasco nuestras conversaciones están plagadas de alharacas. Todos hablamos al mismo tiempo y de cosas distintas. Y, como solemos decir, el que respira pierde. Desde hace algunos años, para nuestra desgracia, nos ha dado por ofender y por tener la piel muy sensible. Las consecuencias son lamentables, me duele deteriorar afectos añejos por motivos tan banales.

Los temas no son ideológicos. La confrontación es entre quienes están en el poder y sus adherentes y quienes disienten y externan sus reclamos. Preservar la cordura en esas condiciones es toda una hazaña. Son los extremos del desencuentro sin un intercambio de argumentos. Sólo se cruzan descalificaciones. No exponemos razones, ventilamos querellas. Abusamos de los lugares comunes.

Las asambleas parlamentarias de la antigüedad requirieron de siglos para su maduración. Constituyen un escenario sólido donde se cuaja la democracia. De hecho, en todas las sociedades, por muy primitivas que fueran, mediante el cruce de opiniones y ciertas prácticas, lograban tomar decisiones conjuntas. Lo primero que hacen las dictaduras es eliminarlas o atrofiarlas. No conciben la necesidad de dialogar, de convencer. Por su propia naturaleza, se perciben como infalibles.

Otra reflexión que viene al caso. La ocasión es fugaz, decían los griegos; las oportunidades se pintan calvas, expresaban los romanos. Algún analista agregó: la política es como el ajedrez, si no mueves una ficha a tiempo, la pierdes. Estos decires insisten en lo mismo: el poder se debe ejercer con asertividad en el tiempo.

A mi juicio, el actual gobierno perdió la última coyuntura para definirse con claridad y credibilidad en sus principios y fines. Lo dicho no resiste el cotejo con los hechos. Lo que viene es de pronóstico reservado. Por eso vale tomar distancia como un “acto consciente de autocuidado y protección emocional (…) alejarse física o mentalmente de una situación, persona o entorno que genere desgaste”. 

Estamos en un círculo vicioso. Con el agravamiento de nuestros problemas, surgen nuevas leyes y, con más leyes, se ensancha la brecha entre el México legal y el México real.

Las iniciativas se elaboran con precipitación y descuido ajenos a los principios jurídicos fundamentales. Hay ineptitud y no deliberación responsable y necesaria. Nuestro sistema legal es cada vez más incoherente, abigarrado y carente de articulación. Agréguese la integración de los órganos encargados de impartir justicia sin respetabilidad ni idoneidad para esa delicada tarea.

Sí, hay que tomar distancia, pero no para marginarse y tornarse indiferente, sino para proceder con objetividad y equilibrio y no verse arrastrado por el vértigo y la inercia. 

Nuestras cámaras siempre han sido vistas como organismos inútiles. Son escasos los destellos en que ha habido una auténtica división de poderes. Tenemos los legisladores más descalificados de América Latina. Nuestro régimen es presidencial, pero hoy no tenemos contrapesos ni rendición de cuentas ni una discusión auténtica de los problemas nacionales. 

La falla viene desde la integración del Congreso: senadores y diputados no son seleccionados por méritos, sino por intereses y otros motivos. Desde luego, las cámaras son representativas, pero no se puede soslayar el perfil parlamentario.

Nos urge mejorar el quehacer político. Pertenezco a una generación que generó grandes esperanzas. En su desempeño ha incurrido en una gran frustración y desaliento. Tomar distancia y levantar la mira en el último tramo es nuestro mínimo deber y eso implica saber discutir. 

Las recomendaciones sobran en todas las culturas, en los filósofos de todos los tiempos, en la historia de los grandes estadistas. Es el elemental valor del auténtico humanismo.