¿Qué quieren?

Juan Carlos Veraza

Juan Carlos Veraza

El deporte por nota

La historia se repitió, la Selección Mexicana ha quedado fuera de una Copa del Mundo en octavos de final. Es cierto que por primera ocasión en cuarenta años el Tri ganó un partido de segunda ronda y, además, lo hizo de manera brillante derrotando a Ecuador, pero también es cierto que la búsqueda por meterse, al menos, entre los ocho mejores equipos del certamen, continúa. 

México nunca había ganado cuatro partidos en un mismo Mundial y perdió dándolo todo en la cancha ante una potencia como lo es Inglaterra, dejando un buen sabor de boca y, en la opinión de muchos, esto da como resultado la mejor participación del combinado nacional en el torneo; pero sigue sin romper esa barrera que le permita, por lo menos, igualar su mejor ubicación histórica, aquella lograda en la edición de 1986, cuando finalizó en el sexto lugar.

Mucho se puede decir de cómo el equipo dirigido por Javier Aguirre alcanzó a estar tocando la puerta de los cuartos de final, y también mucho se puede analizar de lo ocurrido el domingo en la cancha del Estadio Azteca, en un partido en el que la selección jugó un muy buen primer tiempo, pero en el que cometió errores imperdonables, para después desaprovechar la ventaja de enfrentar a un equipo cansado y que jugó casi toda la segunda mitad con un futbolista menos. De nuevo, el veterano estratega se equivocó en los cambios y en la táctica, propiciando facilitarles a los ingleses la tarea defensiva; dando como resultado la dolorosa eliminación. 

Pero, siendo sinceros, aun si el tricolor hubiera logrado avanzar a la siguiente ronda, el futbol mexicano tiene muchas cosas por resolver si quiere lograr la constancia necesaria para poder aspirar a algún día colocarse entre las potencias del futbol. Si con el fracaso de Qatar no se dieron cambios sustanciales en la estructura del futbol en el país, me temo que la borrachera mundialista lleve a los dueños y directivos a mantener el curso actual, que no ha permitido conseguir resultados destacados. 

Según ellos, el interés es el de convertir a México en protagonista y no quedarse siendo un animador. Pero como están establecidas las cosas actualmente, eso parece imposible, al contar con varios obstáculos para crecer: un sistema de competencia mediocre, liga repleta de extranjeros (en muchos casos que no aportan casi nada), pocas oportunidades para el talento joven surgido de fuerzas básicas, un mercado interno muy inflado que da como resultado que los mejores jugadores locales prefieran quedarse en el país a irse a jugar a Europa, y una Federación que sirve a los intereses de los equipos de la Liga MX. Si ni jugando en casa, con todas las ventajas que eso conlleva, se pudo dar un paso adelante, no podemos esperar algo mejor cuando en los próximos mundiales no se tengan ni la condición de local ni las bases necesarias que propicien un crecimiento real.

Por ello, en este momento de análisis la pregunta a hacer sería: ¿qué quieren las personas al frente del balompié de su producto? Porque si su principal interés es seguir por este camino, comercializando a la Selección hasta el cansancio, aferrándose a una afición incondicional y a los patrocinadores que la ven como mina de oro, se vale, es su dinero y su negocio. Pero esto traerá los mismos resultados y tiene sus consecuencias al dejar lo deportivo en un muy lejano segundo plano con respecto a lo económico.