Ópera sin cabeza

Casi se cumplen dos meses de que Marcelo Lombardero formalizó su salida de la dirección de la Ópera de Bellas Artes (OBA) —o de la Compañía Nacional de Ópera, como les gusta llamarla, aunque su presencia a nivel nacional sea ínfima— y hasta el momento Alejandra de la Paz, directora del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBAL), no ha nombrado a su relevo.

¿Será que ninguno de los posibles candidatos se ha decidido por el reto presupuestal que enfrentará o que ninguno ha conseguido el visto bueno de la secretaria de Cultura, Claudia Curiel? ¿Hasta cuándo postergará De la Paz el nombramiento o ahora se va a decir que no hay prisa y que el tiempo no es algo relevante para programar buena ópera y buenos cantantes?

Como simple curiosidad, quien llegue al cargo tendría que leer entre líneas la declaración que Lombardero difundió en su muro de Facebook el pasado 31 de agosto: “Hoy cierro una etapa con gratitud y con la tranquilidad de haber dado lo mejor de mí. A veces los caminos se separan cuando la manera de entender el destino y el deber de una institución deja de ser compartida. Es parte de la vida y también del arte”. ¿A qué se refería Lombardero con el destino y el deber?

Ya veremos si el próximo titular de la OBA será otra luminaria de la lírica que sucumbirá al peso de la grilla, los chismes, la vanidad, la burocracia y los recortes presupuestales —como pudo ocurrir con Ramón Vargas, Lourdes Ambriz, María Katzarava y Marcelo Lombardero— o si tocará el turno a otro de esos gestores que, en la opacidad, programará a sus amigos, vetará a sus enemigos y proyectará a ciertas agencias para resolver el problema y obtener algunos beneficios.

Al final, Lombardero sólo estuvo 21 meses al frente de la compañía, trazó una apuesta artística con personalidad, arriesgó, defendió su estilo y anunció algunos rescates… Pero de la nada salió por la puerta lateral de Bellas Artes, sin dar una explicación a su público ni transparentar las razones de su despedida.

En alguna ocasión le pregunté en corto a Lombardero si le preocupaba que algunos de los títulos que programaba no consiguieran llenar la Sala Principal de Bellas Artes, pero él, muy seguro, me dijo que no siempre se trata de eso y defendió su postura.

La realidad es que su proyecto quedó trunco. No logró que la compañía tuviera un alcance nacional (Excélsior, 31/01/2025); no concretó los puentes que trazaría con las casas de ópera de Argentina y Chile; no mostró a esos grandes talentos que descubriría con nuevas audiciones, y tampoco fortaleció a la Orquesta del Teatro de Bellas Artes (OTBA), agrupación que, por cierto, sigue acéfala desde el 1 de octubre de 2024, tras la silenciosa salida de Iván López Reynoso.

DAÑOS EN LA OLLIN YOLIZTLI

Esta semana, cerca de medio centenar de alumnos y académicos de la Escuela de Música Vida y Movimiento (EMVM), perteneciente al Centro Cultural Ollin Yoliztli, protestaron en el Zócalo de la Ciudad de México e insistieron en que las autoridades de Cultura de la capital no han solucionado el acelerado deterioro de sus instalaciones e instrumentos.

Sorprende que la SC capitalina, que encabeza Ana Francis López Bayghen, tenga conocimiento de que los jóvenes músicos estudian entre filtraciones de agua, humedad y moho, con instrumentos y mobiliario averiados e insuficientes, daños en su biblioteca, así como la falta de sanitarios, ventilación, instalación eléctrica, cámaras de vigilancia, seguridad en el inmueble y la presencia de fauna nociva, sin que nadie se inmute.

Todas esas afectaciones las hemos escuchado desde hace varios años. Incluso la propia Claudia Curiel prometió, en su momento, que pronto se resolverían. Entonces, ¿por qué es necesario que alumnos y académicos salgan a la calle a denunciar las condiciones precarias que enfrentan?

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