Cosechas

Ser dirigente social, político, académico o empresarial conlleva una carga de responsabilidades éticas, morales y profesionales implícitas en el pensar, el hacer y el expresar para conducir una organización, una empresa, una comunidad determinada o una nación, y llevarlas a buen puerto

La anterior reflexión deviene por los conflictos raciales que se están suscitando en el vecino país del norte.  El presidente Donald Trump está cosechando lo que ha sembrado a lo largo de su vida personal, empresarial y ahora política, pues durante su campaña electoral mostró sus odios y fobias en contra de la gente de color, los latinos, los demócratas y en general contra todos aquellos personajes distintos a sus intereses personalísimos.   Todavía recordamos esas expresiones irónicas, llenas de rencor y desprecio contra Barack Obama y Hillary Clinton para lograr su anhelo de ser Presidente del país más poderoso del mundo.

Instalado en la Casa Blanca se dedicó a contratar a personajes que le daban volantín para conflictuarse con diversos países, eligiendo un accidentado y grosero trato diplomático para con sus homólogos de los países del G-20. Nuestro país fue elegido como el sparring político para el golpeteo que acostumbró desde su campaña electoral; insultos y amenazas, como la de pagar el muro fronterizo que pretende construir. Groserías, pataletas y mentiras han caracterizado su corta gestión presidencial.

A miembros destacados de su gabinete los ha despedido o han renunciado como: Michael Flynn, exasesor en Seguridad Nacional, Sean Spicer, exsecretario de prensa, Reince Priebus, exjefe de gabinete, o Steve Bannon, ex jefe de Estrategia, quien tras dejar el cargo advirtió que el gobierno americano estaba acabado, sus antiguos aliados republicanos renuncian a seguirle haciendo el juego a sus locuras desestabilizadoras que pueden producir una tercera guerra mundial, incluso cuestionan su estado mental y emocional para la toma de decisiones, que se convierten constantemente en amenazas para la estabilidad del globo.

Allá estuvo nuestro equipo negociador del TLC, liderado por nuestro secretario de Economía, Ildefonso Guajardo, para establecer nuevos acuerdos que beneficien al país. Serán cuatro rondas de negociaciones. A saber, el TLCAN fue instaurado por Carlos Salinas de Gortari y después de dos décadas el tratado permitió un cambio de paradigma al despetrolizar la economía mexicana, logrando que seamos el país 16 exportador en el mercado global, que representa 25% del PIB mundial, siendo la zona del libre comercio más extensa, conectando a más de 71 millones de personas de los tres países miembros. Es tal su importancia que para 23 estados de la Unión Americana, México es su principal destino comercial.

En la segunda ronda de negociaciones, seguirá el intercambio de ideas en temas técnicos y específicos para modernizar al TLC, el sector automotriz  y autopartes, textil, propiedad intelectual, (innovaciones tecnológicas y tecnologías avanzadas), telecomunicaciones, agricultura (medidas fitosanitarias), eliminación de barreras arancelarias, desgravación o subsidios a las exportaciones, servicios financieros, inversiones en energía, pues sólo en la administración del presidente Peña Nieto se ha registrado una cifra histórica de inversión extranjera (IED) de 156 mil millones de dólares, 52 por ciento más que la registrada en la administración anterior. Así deberá fortalecerse el comercio transfronterizo de servicios, bienes y personas, protegiendo a exportadores mexicanos contra prácticas proteccionistas y controversias donde se debe asegurar la prevalencia del derecho, garantizando a productores nacionales mecanismos ágiles y transparentes contra prácticas desleales de comercio, el establecimiento de grupos arbitrales por expertos calificados para la revisión de decisiones en materia de dumping y subsidios, y por último un capítulo  dedicado al tema de corrupción.

Sin duda, el secretario Guajardo, acompañado de líderes empresariales y congresistas, habrá de fortalecer la seguridad económica del país, al redimensionar las reglas de integración económica de América del Norte. ¿O no, estimado lector?

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