El negocio supera al futbol

Señoras y señores, se jugó la jornada 6 del futbol mexicano. Lo más relevante es que América derrotó 2-0 al Puebla y llegó a 16 puntos para mantenerse como líder. Toluca goleó a Juárez 4-0 quedando en segundo lugar de la tabla. Tijuana venció 2-0 a Pumas con un doblete de Gilberto Mora y alcanzó 13 unidades. Atlas, que estaba en la pelea por la cima, perdió 3-1 ante Querétaro y tuvo un expulsado, Manuel Capasso. Chivas empató 1-1 con Pachuca, quedando con 11 puntos. Querétaro y León tienen 10, mientras que Cruz Azul, después de vencer 3-1 al Necaxa, llegó a nueve. Pumas se quedó con ocho.  

En la parte baja la historia es muy diferente. Pachuca y Tigres tienen apenas cinco puntos, Atlético de San Luis, tres. Santos sólo uno y Juárez sigue sin conseguir puntos.

Tenemos una tabla relativamente apretada, buenos partidos, figuras jóvenes como Gilberto Mora y los mejores peleando arriba. Pero eso no significa que sea una liga competitiva. La Liga MX tiene dinero, tiene afición, tiene reflectores, lo que le faltan son incentivos reales para crecer y no conformarse.

Hace años que México eliminó el ascenso y descenso, se habló de una medida temporal, de una reestructuración, de sanear las finanzas de los clubes. Pasó el tiempo y aquello terminó convirtiéndose en algo permanente. Acostumbraron al futbol mexicano a vivir sin consecuencias, a tenerlo todo facilito. 

Una liga verdaderamente competitiva, de primer nivel, necesita presión y que el último lugar tenga algo que perder y que el que está abajo tenga algo que ganar. 

En México se ha protegido demasiado el negocio, y eso no es malo, el problema es que el negocio termina siendo más importante que la competencia y el mismo futbol.

México tiene una de las industrias futbolísticas más poderosas de América Latina. Hay grandes contratos de televisión, patrocinadores, estadios llenos, ventas de mercancías, grandes audiencias y clubes con presupuestos millonarios. El problema es que no se están creando mejores futbolistas.  Los jóvenes mexicanos con talento deberían ser una prioridad: apoyándolos con minutos de juego, formación y posibilidades de competir fuera del país. Pero es más fácil comprar un extranjero que formar un mexicano. Es más sencillo buscar resultados inmediatos que construir una cantera. Es más cómodo mantener un sistema conocido que modificarlo. Aquí está otro problema: la Liga MX quiere crecer hacia afuera mientras todavía tiene pendientes importantes hacia adentro.

Por ejemplo, la Leagues Cup genera mucho dinero y exposición. México y Estados Unidos han encontrado un gran negocio enfrentando a sus clubes. Pero por qué, directivos mexicanos, trabajan en hacer cada vez más atractivo ese espectáculo y no en fortalecer la competencia interna entre sus equipos. 

Aunado a lo anterior, la Liga MX se ha convertido en un torneo donde la irregularidad parece ser constante. Es una competencia en la que pocos equipos consiguen mantener un proyecto durante varios años. Pocos son los equipos que llevan varios años trabajando bajo una misma idea. La mayoría cambian de entrenador cada vez que los resultados no son favorables, perdiendo continuidad. Así no se logra construir una identidad. 

Las fuerzas básicas viven esperando. El futbol mexicano sigue teniendo dificultades para convertir el talento juvenil en protagonistas de Primera División. El problema no está únicamente en descubrir jugadores con habilidades, sino en darles apoyo y consolidarlos. No estamos desarrollando. 

Mientras en otros países los jóvenes son vistos como una inversión, aquí son vistos como una apuesta muy arriesgada.

En los últimos años, la Liga MX, la Leagues Cup, Concacaf, partidos amistosos y convocatorias de Selección Nacional se han acumulado en un calendario que deja poco espacio para entrenar y descansar. Esto ha roto la continuidad del funcionamiento de varios equipos. Los entrenadores han tenido menos tiempo para trabajar y los futbolistas más carga física.

Mientras las grandes ligas europeas buscan proteger a sus futbolistas y las competencias, viendo cómo reducir la saturación, en México se siguen  agregando torneos. Más partidos significa más televisión, más boletos, más patrocinios y más ingresos. 

El aficionado merece cantidad, pero sobre todo calidad. Y para jugar mejor hay que entrenar mejor, descansar mejor y tener tiempo para construir equipos de élite. 

Llenar el calendario es sencillo, pero construir una liga de mayor nivel eso sí es mucho más complicado.