Trumpetada
No hay sorpresas cuando un cretino hace desfiguros y dice barbaridades. La sorpresa es darle el foro para permitir que lo haga. Eso hoy tiene un término y se llama la trumpetada.La repentina visita de Donald Trump a la Ciudad de México, sorprende no por el nefasto personaje, sino por el escaso análisis de los efectos para su anfitrión, el presidente Enrique Peña Nieto. Deben existir razones de Estado queno conocemos que obligaron a invitarlo o recibirlo con esta premura, puesde lo contrario parece una irresponsabilidad de quien tiene a su cargo cuidar la figura presidencial frente a la ciudadanía.
No era difícil prever que la reacción social a dicha visita generaría un profundo enojo y malestar social. Por lo mismo, es una incógnita cuál fue el cálculo político respecto de los resultados esperados.
Efectivamente, la posición diplomática e histórica de México ha sido la no intervención, la cooperación internacional y la apertura permanente al diálogo entre países vecinos y de la región. No así la de recibir a candidatos presidenciales con honores similares a los de un jefe de Estado.
Por lo mismo, el anuncio prematuro de esta ingrata visita, parece algo poco meditado para contener a una opinión pública enfurecida y, sobre todo, para obtener algún resultado positivo del encuentro. ¿Cuál hubiera sido un resultado favorable de un encuentro inminente? El que en la negociación diplomática para la recepción de Trump hubieran habido dos condiciones sine qua non: 1) expresar voluntad para trabajar en políticas bilaterales efectivas que estén basadas en el respeto al colectivo mexicano en EU; 2) ofrecer una disculpa a los millones de conciudadanos que viven ahí y se sienten agraviados. Probablemente sí se negoció algo de eso, pero desafortunadamente no ocurrió, situación que también debió de haberse previsto.
De no encontrar esos mínimos resultados esperados de la visita para nuestro país, se genera la percepción de que se le puso la mesa a Donald Trump, para venir a humillar de nueva cuenta a los mexicanos. Cabe recordar que el artículo 89, fracción X de la Constitución Política establece que es facultad del Ejecutivo Federal dirigir la política exterior de nuestro país y que uno de los requisitos es observar el respeto, la protección y promoción de los derechos humanos (empezando por nuestros connacionales, por supuesto). En consecuencia, las reiteradas declaraciones del político republicano en contra de nuestros paisanos que viven del otro lado de la frontera, rayan en posiciones xenofóbicas y discriminatorias, situación que contraviene el respeto a los derechos básicos de cualquier persona.
Cabe recordar que a partir del año 2011 nuestra Carta Magna en su artículo 1º establece el principio de convencionalidad, mismo que exige a todas las autoridades el deber de velar por el respeto irrestricto de los derechos fundamentales de la persona. Situación que ante las amenazas de una deportación masiva y con claros tintes racistas, contraviene la “Convención Internacional sobre la protección de los derechos de los trabajadores migratorios y de sus familiares”. En particular, en lo que se refiere a que el Estado “de empleo” que alberga a un colectivo de personas de otro país, tiene la obligación de brindar un trato humano y con el respeto debido a la dignidad inherente al ser humano y su identidad cultural.
Es evidente que la intención ya anunciada en la propuesta de política migratoria de Trump dista mucho de respetar y hacer cumplir ese tratado internacional que exige la ONU. Por lo mismo, la diplomacia mexicana debería estar más concentrada en generar una presión internacional que frene la probable consumación de dichas amenazas, en vez de buscar convencerle a través de un diálogo estéril.
Por tal razón, tampoco se entiende cuál fue la apuesta de nuestro gobierno de elevarle el estatus del encuentro a casi una visita oficial de Estado, en vez de canalizar la pronta respuesta de aceptar venir a México, a través de los respectivos titulares de la política exterior y migratoria.
Queda la esperanza de que mediante los oficios diplomáticos en breve se logre la visita de la candidata Hillary Clinton, con el fin de contrastar con una visión de política bilateral de respeto, entendimiento y aprecio entre países vecinos que permee ante una buena parte del electorado norteamericano (las minorías). Por supuesto, también de que sea la candidata del Partido Demócrata con quien se construya dicha relación entre ambas naciones una vez que logre ese tan anhelado triunfo. De no ser así, la nefasta visita nos confirma que la trumpetada nos saldrá muy cara.
