Renuncias

Las recientes renuncias de los presidentes nacionales del Partido Revolucionario Institucional y del Partido de la Revolución Democrática no son la consecuencia negativa de los resultados electorales del pasado 5 de junio, sino de cálculos políticos y personales de cara a la sucesión presidencial del próximo 2018. Empezando por lo que no debe quitar mucho tiempo, la salida de Agustín Basave no es otra cosa más que haber despedido a un empleado que, sin nunca haber tenido la confianza del dueño de ese partido político, se le dio chance de manejarlo y experimentar con él.

Los resultados electorales de Basave no son la causa de su salida, pues estos son claramente positivos al haber afianzado el poder compartido en Durango, Quintana Roo y la joya de la corona que es Veracruz. Por lo mismo, su apuesta aliancista fue acertada, pues logró incrementar de forma importante la intención del voto para un partido que navega a la deriva desde la salida del López Obrador. La explicación entonces de esa salida obedeció al ánimo que generó Basave con sus patrones a partir de ciertos desplantes y actitudes propios de su personalidad que, claramente, no gustaron a los barones del sol azteca.

El paso breve de Agustín Basave por la presidencia del PRD (siete meses) fue positivo en cuanto a los resultados electorales y que se comprobó exitosa la fórmula de laboratorio de las alianzas para poder vencer al PRI y a AMLO en 2018; sin embargo, también fue un auténtico desastre en términos políticos, pues la gerencia que le encargaron le quedó grande y el estilo de profe petulante no gustó ni afuera ni adentro, hasta que los enanos se lo comieron.

Ahora bien, el caso de Manlio Fabio Beltrones puede tener varias explicaciones mucho más complejas, pero queda claro que por lo último que fue es por la pronunciada derrota que sufrió al sólo haber ganado Sinaloa y Oaxaca y haber conservado Zacatecas, Tlaxcala e Hidalgo.

Las declaraciones públicas que hizo el expresidente nacional del PRI al afirmar que ganarían nueve de 12 gubernaturas, sin duda mermaron su capital político, pero no pudo haber sido la causa de su renuncia.

En el contenido del discurso de salida de Beltrones señaló tres razones que llevaron a su partido a la derrota el pasado 5 de junio: 1) la irresponsabilidad de algunos gobernadores (y, por supuesto, la asociación con la imagen del PRI); 2) ciertas políticas públicas que no han sido del todo acertadas; 3) el tema de los escándalos de corrupción.

Las tres razones fueron, sin lugar a dudas, en franca alusión al gobierno del presidente Enrique Peña Nieto, al grado tal que soltó sobre la mesa la frase lapidaria atribuida a Luis Donaldo Colosio: “Lo que los gobiernos hacen, sus partidos lo resienten”.

Ese discurso crítico y bien articulado que pronunció Manlio Fabio al despedirse de su partido, tuvo un agravio legítimo de fondo que son las traiciones gestadas o al menos toleradas hacia el PRI por parte de algunos miembros del círculo rojo del gabinete presidencial. Pues fueron a veces demasiado obvios los autoboicots en los procesos de selección de candidatos y durante las campañas electorales.

Ese mal ejemplo tolerado desde la cúpula hizo que se replicara de inmediato a nivel local, de tal suerte que hizo endeble la tan presumida y —por supuesto falsa— unidad de los priistas a partir de la figura del presidente Peña Nieto.

Ahora bien, en todo esto lo más ingenuo es quien cree que Beltrones pierde con su salida y, mucho más, quien afirme que su carrera está terminada. Basta recordar a Felipe Calderón, entonces secretario de Energía de Fox, quien, a su estilo rezongón, le renunció y a partir de librarse del yugo se le abrió el camino para perfilarse a la Presidencia de la República.

En tal sentido, lo de Beltrones no parece alejado de esa realidad, pues desde que tuvo la anuencia presidencial para ocupar el PRI existía un tufo de haberle entregado una manzana envenenada. Por lo mismo, y ante la enorme desunión y desorden de la que hoy adolece el PRI, Beltrones tiene oportunidades reales de, ahora sí, construir los apoyos y acuerdos para contender seriamente por la Presidencia de la República.

Pues, desde el pasado 5 de junio, todo parece indicar que el Presidente de la República ya no se mete en los asuntos de su partido, de lo contrario, uno supondría que difícilmente hubiera admitido los autoatentados para buscar descarrilar a quienes adquieren reflector de forma natural para la elección presidencial por las siglas de ese partido.

Temas: